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Volver a empezar

Pasaremos por momentos erráticos, estoy seguro.

Veremos que todo lo que creíamos haber aprendido dejó de darnos resultados.

No desesperemos ni intentemos cambiarlo todo, porque entonces no cambiaremos nada…

Vayamos de a poco y con calma.

Esto es para el Golf y la vida misma.

Marcelo Barba

Es posible que, en todo el cúmulo de habilidades que aprendimos y creemos estar reproduciendo bien, exista algo, una cosa mínima, un detalle, que en ese inmenso sistema de engranajes que diseñamos dejó de funcionar. Concentrémonos sólo en eso, intentando recuperar la partitura que eventualmente perdimos y que ahora tocamos ‘de oído’.

Hasta el más excelso pianista, que sabe cada nota y compás que reproduce frente al público, necesita tener la partitura frente a sus ojos, no deja nada librado a su buena memoria ni a las mil de veces que lo practicó.

Si tuviésemos que hacer una lista de las habilidades que aprendimos y pusimos en práctica cada vez que empuñamos un palo de Golf, créanme que nos asombraríamos de lo que incorporamos y sabemos, en cantidad y calidad.

Comenzando por nuestras manos, dedos, brazos y codos, nuestros hombros y espalda; el stanceque adoptamos con nuestras piernas y pies; nuestras caderas, muñecas, cuello y cabeza, en fin… seguro me olvido de otras posiciones y articulaciones que practicamos mil veces, como las ejecuciones desde la arena, los tiros largos y las difíciles lecturas del green; pero a pesar de todo, no llevamos un registro escrito ni tenemos la posibilidad de recurrir a dichas experiencias mientras recorremos un campo de Golf.

Estamos en vivo señores, recurriendo a nuestra mente y sin ninguna partitura que nos dé una mínima ayudita.

El aprendizaje de esta disciplina de pura precisión y coordinación requiere, desde el momento que decidimos adoptarla, que nos transformemos en sutiles ingenieros de cosas microscópicas.

Seremos los dueños de los pequeñísimosengranajes mentales’ que se irán acoplando, de uno en uno, en cada sitio adecuado de nuestro cerebro, para desde allí saber cómo dirigir nuestros músculos, tendones y nervios; para que finalmente, cada pieza responda y se mueva en su momento justo, con una potencia adecuada y con la más alta precisión que podamos; habilitando, además, a que otros elementos del sistema se liberen y actúen en consecuencia.

Nuestro cuerpo es una verdadera obra de ingeniería; única, irrepetible… quizás sólo por ese camino uno termine demostrando la existencia de un Dios o de una Energía Creadora (¿quién sino tendría la capacidad de realizar semejante obra?).

Podríamos cambiar esa imagen tan ‘mecánica + perfecta’ por otra de tipo musical, donde el cerebro hará las veces de un verdadero Maestro-Director de una orquesta filarmónica y, cada uno de nuestros músculos, huesos y nervios ejecutarán una partitura única, precisa y perfecta para que todo suene y se escuche como una excelente melodía…

Cuando todos comenzamos con este querido Golf, nuestra propia ‘orquesta interna’ apenas si podía juntar 3 ó 4 músicos y hacer sonar “La Cucaracha” (y bastante desafinada, por cierto…); pero no nos acobardamos e insistimos.

También pensamos que en algún momento podríamos llegar a desarrollar una exquisita sinfonía, y eso nos pareció un sueño incumplible, pero seguimos, hasta que por fin pudimos hacer coordinar –al menos- los acordes parecidos a esa famosa canción de niños.

En general, nos pasará que, con el tiempo, luego de mucha práctica, de ir incorporando nuevos ‘instrumentos’ y músicos a nuestra ya no tan humilde orquesta, inevitablemente… en algún momento y por un tiempo que parecerá interminable, sobrevendrá la desazón y desesperanza cuando sin ningún motivo aparente, comience a desmoronarse nuestro Golf.

Punto de catástrofe…

Sentiremos que nada funciona como antes, que no supimos relacionar adecuadamente cada uno de esos difíciles ‘mecanismos’ que tanto nos costó sincronizar con el resto del juego. Sobrevendrá la desesperanza…

Una sensación, bastante común, que aún hoy me sigue sorprendiendo en ocasiones donde enfrento bajones anímicos y/o físicos, que obviamente es superable en la medida que pongamos unos kilos de paciencia y tranquilidad.

Es decir, sin volvernos locos intentando cambiar muchas cosas a la vez, para lograr retomar la precisión y/o distancia que habíamos logrado obtener y que ahora –misteriosamente- se escondió y desapareció (pero no la perdimos…).

Vayamos de a poco y por partes… porque seguramente se nos escapó algo de nuestra memoria muscular, sea por los vicios adquiridos con el tiempo; por intentar ‘copiar’ otro swing o estilo que nos pareció mejor que el nuestro; por pensar (erróneamente) que ya no necesitaríamos ajustes ni visitas al profesor, en fin… por creernos omnipotentes.

Y eso no es bueno, en todo lo que decidamos enfrentar (inclusive en el Golf).

Lo primero, dependiendo del tiempo que dispongamos, será volver a la base, simplemente eso. Volver a empezar…

Retrotraernos al comienzo y de ser posible, visitar a un profe. Nos asombraremos cuando nos haga tomar el stance que alguna vez funcionó bien, que nos guíe para realizar un swing más suave sin ponernos el palo de Golf como bufanda ni pretender poner a nuestra pelota en órbita junto a la Luna…

Pero con cadaajuste nos hará recorrer nuestras destrezas y experiencias de a una en una; intentando encontrar en cada acción ‘ese’ error que nos sacó del camino. Pero lo hará analizando y cambiando una cosa por vez…

Inclusive diría, que ante la falta de tiempo para realizar esa visita al profe, nosotros mismos podremos ajustar alguna que otra variable que se salió de cauce.

Retomando nuestra esencia desde lo básico, comenzando por corregir nuestra empuñadura del grip; proponiéndonos realizar un swing al 70%; en clavar exageradamente nuestra mirada sobre la pelota; en volver a realizar los dos o tres swings de práctica que alguna vez hicimos antes de ejecutar; hasta podríamos bajar del cielo a nuestro crecido orgullo, solicitándole a alguno de nuestros amigos que observen nuestro swing y nos transmitan la imagen que ven, como para intentar corregir algún defecto que nosotros no advertimos. 

Volver a empezar no significará perder las habilidades adquiridas; por el contrario, será el mejor ejercicio mental y físico para identificar, en un esquema “paso a paso”, dónde se esconde el error que estamos cometiendo y cómo éste a su vez, está influyendo sobre el resto de las habilidades que creíamos inalterables.

Hasta el mejor guitarrista de concierto necesitará afinar y ajustar las cuerdas en cada ejecución…

Escuchemos a Alejandro Lerner, un excelente músico cantautor argentino, que en sus letras y melodías nos transmite la energía que estamos tratando de recuperar. Reproduzcámoslo en nuestra mente con cada backswing y tengamos un excelente Golf, con amigos y muchas experiencias a disfrutar.

Hasta la próxima.

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