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Usando la lógica de un gaming de los 80 para mejorar nuestro juego corto

Por Marcelo Barba

La velocidad que tomará nuestra bola de Golf sobre el green, dependerá, además de la fuerza que le imprimamos con el Putter, de otras cuantas variables que dudosamente controlemos a gusto, como, por ejemplo, el pasto, su largo, su humedad, inclinación y otras variantes; la hora del día; las caídas naturales que presenta la misma ‘bandeja’ donde está definido el green; la porción de green que quedó expuesta al sol o a la sombra; quizás del viento y de algunas cien cosas más. De otra forma, el Golf no sería tan fácil.

Si comprendiésemos e incorporásemos algunos de los mil conceptos referidos al comportamiento de nuestra bola sobre el green, podríamos decir que, con todo lo que sabemos sobre velocidad y otras variables, seguiremos así, sin saber prácticamente nada… así pues, practiquemos muchísimo.

En realidad, lo que haremos, será adicionarle más elementos a una ‘fórmula’ muy propia y secreta, o lo que llamamos factores de corrección a nuestra experiencia; como por ejemplo considerar “La Gravedad”, que para todos los habitantes y cosas apoyadas sobre este planeta es algo inevitable. Lo dijo Newton.

Hace tiempo atrás, cuando aparecían las primeras computadoras personales (monocromáticas), que traían monitores de fósforo verde o ámbar (esto marca decididamente mi antigüedad y la de la tecnología de los años ‘80), existía un juego muy primitivo, donde uno disparaba balas de cañón desde una punta hacia la otra del monitor, tratando de dar en un ‘blanco’ que se relocalizaba con cada tiro. Era lo que había…

Lo interesante, además, era que, manteniendo la misma potencia de tiro, la variable de ajuste más precisa del arma, la encontrábamos en la modificación que podíamos hacer sobre el ángulo que formaba el cañón con el piso, es decir, elevar o bajar el ‘tubo’ por donde salían esas balas, para corregir los errores.

Volviendo por el túnel del tiempo a la actualidad (sin olvidarnos de la balística), observo que, si graficásemos mentalmente (sobre la carpeta verde del green, como si fuese aquel viejo monitor) el derrotero que toma nuestra esfera blanca hacia el hoyo (como si fuese la munición que lanzábamos en el jueguito), veríamos que la misma se comportaría de manera similar, respetando una curva que le impartiría la misma caída hacia el hoyo, como la fuerza de gravedad que influía en aquel jueguito.

Pensemos que quien apunta su cañón hacia determinado objetivo, no sólo estudia la cantidad de pólvora que llevará la carga para alcanzarlo (su potencia), sino que también, analizará el ángulo de incidencia que deberá darle al tubo por donde saldrán sus proyectiles (la cara del Putter, nuestro stance, etc.), para corregir las desviaciones naturales que las otras ‘fuerzas’ le causarán al recorrido de su pelota. Lo desafiante en todo caso, es que todos esos componentes son inseparables e interactuarán entre sí.

A esta altura del análisis podríamos animarnos a definir algo tan simple como esto:

Que ese ‘hoyo-objetivo’ que visualizamos dentro de la línea que une a nuestra pelota con el hoyo, sobre un green ‘ideal’ (plano y sin caídas), casi nunca coincidirá con la línea real del objetivo-corregido de nuestra mira, ya que seguramente apuntará hacia un ‘hoyo-corregido’, fruto precisamente, de las correcciones (valga la redundancia) que realizaremos por nuestras propias sensaciones y visiones del movimiento y velocidad de rodada que suponemos posee el piso del green.

El primer error más comúnmente observado, inclusive en nuestro propio juego, será mover el grip y con ello la cara del Putter, para tratar de orientarlo al punto que elegimos como ‘hoyo-corregido’; este será erróneamente girado a la derecha o a la izquierda. Sin embargo, lo que efectivamente deberemos hacer es reorientar a todo nuestro cuerpo (sin girar el grip), parándonos frente a un nuevo hoyo imaginario, que precisamente coincida con el ‘hoyo-corregido’. Parece un juego de palabras, pero no es difícil.

En la rutina preparatoria del Putt, luego de agacharnos para observar de lado a la línea ‘bola-hoyo’, para ‘leer’ y tratar de determinar el grado de inclinación del terreno, el paso siguiente debería ser, acomodar y alinear nuestro cuerpo de acuerdo a ese nuevo ‘objetivo’ que acabamos de descubrir.

En definitiva, lo que deseamos, es que la bola vaya respetuosamente pegada a esa línea que imaginamos (hacia el hoyo-corregido) y que luego, por la propia caída del terreno o la influencia de la gravedad, termine cayendo atraída por la tierra al insondable abismo del hoyo… (hagámoslo un poco poético…).

Una ayuda adicional, similar a la que adoptamos al ejecutar un hierro o madera desde el fairway, es tomar la vara del Putter con ambas manos, apoyándola encima de nuestras rodillas, para orientar nuestro stance en la misma línea del ‘hoyo-corregido’, aunque el hoyo se encuentre a un metro a la izquierda o a la derecha. Esa acción nos ayudará a lograr una mejor posición de nuestros pies.

Sin embargo, el error más comúnmente observado, inclusive en nuestro juego, será levantar o sacarle la vista a la parte trasera del Putter y tratar de mirar el recorrido de la bola, aún antes de impactarla…

El famoso golfista (el que eternamente vestía de negro) Gary Player, decía que para los Putt de dos metros o menos, él, recién levantaba la vista del piso, cuando escuchaba el inconfundible ruido de su bola cayendo dentro de la taza. Si toda la rutina había sido ejecutada según lo previsto, rodaría hasta el fondo del hoyo en el 100% de los casos…

No dejemos de ‘ver’ a los dos objetivos, es decir, al hoyo propiamente dicho (el ‘hoyo-objetivo’) y al otro ‘hoyo-corregido’, sobre todo, al punto ideal al que deberíamos direccionar la pelota para que ésta se dirija hacia la taza.

Me olvidaba de algo más, decirles que nuestro objetivo personal en todo momento deberá ser: tratar de tomarnos menos de 3 putts para embocar esos Putts considerados ‘kilométricos’, tratando de ‘arrimar’ nuestra bola con el primero e intentar cerrar el green con sólo dos más… (¡¡eso es mucho!!).

De ser posible también, intentemos uno o dos Putts para aquellas bolas que quedaron más cerca del hoyo… digamos, entre la luna y cualquier distancia menor a dos metros. A veces se cumple y nos alegraremos mucho.

Sea como sea, mis deseos de suerte arriba del green

Saludos a todos.

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