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Una más sobre el green: ¿Hacia dónde apunto?

Por Marcelo H. Barba

Siguiendo con el tema del juego sobre el green y la velocidad: la fuerza que deberíamos darle a nuestro Putter en las ejecuciones, ahora ingresaremos a otro rubro que se relaciona íntimamente: la dirección de nuestra “mira misilística…”

Si recuerdan lo escrito en un artículo anterior, decíamos que la velocidad que tomará una bola de Golf sobre el green, dependerá -además de nuestra fuerza- de otras variables que dudosamente controlaríamos a nuestro gusto.

En forma caprichosa evitamos comentarios referidos al punto donde deberíamos dirigir la mira, cuando el piso evidenciaba una caída hacia alguno de los lados, hacia arriba o barranca abajo, o una combinación de todo eso (si, ese cóctel existe… ya lo veremos más abajo).

En realidad -más ortodoxamente, digamos- hay que confesar que es imposible analizar solamente una variable eliminando a las demás.

Lo de separar las ideas y conceptos fue hecho ‘ex profeso’, a propósito, para focalizar nuestro interés en los tantos elementos que conforman el tema de la potencia, los cambios de velocidad y los diferentes factores -ciertamente imponderables- por los que una pelota rueda más o menos rápido sobre un green.

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Si incorporamos algunos de esos conceptos, podemos decir que, con todo lo que ahora sabemos de velocidad (ya nos agrandamos…) estamos preparados para estudiar este otro asunto de ‘apuntar’ nuestro tiro hacia donde creemos que deberá ir.

En realidad, lo que haremos es adicionarle a nuestra propia ‘fórmula’ un nuevo factor de corrección.

Uno que para todos los habitantes y cosas apoyadas sobre esta gran otra bola (el planeta) es inevitable y fatal: La Gravedad.

Pensando en un gráfico mental, se me ocurre el de la Balística, pues es el que más y mejor se adecua a lo que pretendo compartir, para completar el análisis de ‘fuerza y orientación’ de nuestros tiros de Putt.

Quien apunta su cañón hacia determinado objetivo, no sólo ´pesa´ la cantidad de pólvora que llevará la carga para alcanzarlo, sino que también, analizará el ángulo o ‘alzada’ que deberá darle al caño por donde saldrán sus proyectiles. Ambas estimaciones son inseparables e interactuarán entre sí.

En nuestro caso, el único elemento de ‘corrección’ que dispondremos para que ese proyectil (la bola) llegue al objetivo (el hoyo), será la inclinación que le podamos dar a la cara del Putter (cañón), además de la potencia, obvio. Pero esa inclinación de la cara del Putter no la haremos moviendo el grip.

A esta altura, podemos definir algo simple: que el ‘objetivo-hoyo’ que todos vemos sobre el green, casi nunca coincidirá con el objetivo de nuestra mira en línea recta, la que precisamente estará desviada porque la ‘corregiremos’ por nuestras sensaciones de caídas y velocidades de rodada.

Digamos que a ese nuevo punto de la mira lo llamaremos ‘objetivo-corregido’.

El efecto de caída sobre un plano (en el green la pelota no vuela, se comporta en 2D) será similar al efecto que impone el viento al vuelo de la bala del cañón, que, según su potencia, será desviada del objetivo original, leve o muy significativamente.

El primer error más comúnmente observado, inclusive en nuestro propio juego, será mover el grip y con ello la cara del Putter, para tratar de orientarlo hacia el punto que elegimos como ‘objetivo-corregido’. Pero eso es incorrecto.

Deberemos comenzar por mover todo el cuerpo sin cambiar la posición del grip, alineándonos con nuestros pies y hombros.

En la rutina preparatoria del Putt, luego que nos agachamos de un lado y otro, sobre la línea recta imaginaria que une a la bola con el hoyo, para ‘leer’ y tratar de determinar el grado de inclinación del terreno; el paso siguiente, debería ser acomodar y realinear nuestro cuerpo de acuerdo al ‘objetivo-corregido’ que acabamos de descubrir en la lectura. Esto será, que ‘nuestros pies y hombros’ estén en una línea paralela a la línea-corregida que acabamos de elegir para hacer rodar la pelota.

Una ayuda adicional, similar a la que alguna vez adoptamos para ejecutar desde el fairway, es tomar el palo (en este caso el Putter) con ambas manos por sus extremos, colocarlo por encima de nuestras rodillas con los brazos extendidos y orientar la vara en la misma línea del ‘objetivo-corregido’. Esa acción nos dará la justa y mejor posición de nuestros pies (y hombros). Afirmémonos ahí.

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Para trazar esa línea “imaginaria” hacia el objetivo corregido, recurramos a tomar una referencia (cualquiera visible) sobre el pasto o algún punto cercano, una marca, imperfección, ‘algo’ que luego nos sirva para trazar la recta por donde debería correr nuestra pelota.

A un paso de distancia de la bola, realicemos unos balanceos pendulares, como si le pegásemos a una pelota fantasma, imaginándonos la potencia que deberíamos darle al golpe real de Putt.

El segundo error más comúnmente observado, inclusive en nuestro juego, será el de pegarle a la bola un golpe seco y fuerte -según la potencia que creemos necesitar en ese tiro- en lugar de acompañarlo en la barrida y en el contacto con la pelota (como si la bola tuviese un imán que, luego de la ejecución atrajera la cabeza del putter hacia donde se dirige la misma).

La potencia del golpe de Putter, deberíamos ‘regularla’ a través de un solo elemento: la sacada hacia atrás del Putter y el péndulo que formaremos en el back-swing. Pensemos que con ese péndulo acumularemos potencia. En nuestra mente pensemos que la potencia estará graduada sobre el pasto del green, en unas marcas imaginarias; que cada una de esas ‘rayitas’ que creemos ver sobre el piso, se asemeja a las que veríamos sobre un potenciómetro deslizable de un aparato de audio, por ejemplo.

El tercer error más comúnmente observado, inclusive en nuestro juego, será levantar la vista y tratar de mirar el recorrido que comenzó a tomar la bola, aún antes de impactarla…

El famoso golfista (siempre de negro) Gary Player, decía que, para los Putt de dos metros o menos, recién levantaba su vista del piso, cuando escuchaba el inconfundible ruido de su bola al caer dentro de la taza. Si toda la rutina había sido ejecutada según lo previsto, rodaría hasta el fondo del hoyo en el 100% de los casos… así que vayan consiguiendo un atuendo de color negro…

Existen otros factores de corrección que siguen unidos y van de la mano de la potencia, cuando enfrentamos tiros con declive hacia arriba o para abajo.

La mayoría de los golfistas experimentados no se conforman con dejar su bola sobre el green, pretenden además, dejarla siempre por debajo de cualquier caída, enfrentar al hoyo en subida; ya que será más ‘predecible’ el recorrido que tendrá la bola y la fuerza que deberán darle al golpe.

Al enfrentar un hoyo en subida, mi profesor me aconsejó con extrema sabiduría (y lo comparto con ustedes), que el Putt a realizar sea siempre firme, exagerando la potencia que originalmente calculamos, que apuntemos hacia el centro de la taza, minimizando también el ángulo de caída lateral que observábamos.

Cuando la pelota se deslice, lo hará en forma recta, como si no hubiese caídas laterales y se encontrará rápidamente con el agujero.

Lo apliqué en muchas ocasiones y tuve buenos resultados; obviamente hay que adaptarse a los casos extremos, donde las caídas laterales y los desniveles del green son pronunciados. Pero en todo caso el mensaje a transmitir es que se quiten el temor natural a ‘pasarse’ del hoyo… péguenle firme.

La cosa cambia (y bastante…) cuando el hoyo quedó ‘abajo’; cuando el desnivel y la barranca que enfrentamos nos indica que la pelota acelerará sola y parecerá cobrar vida.

Es probable que podamos ‘leer’ la caída lateral que tomará en su rodaje, pero también aparecerán los mismos temores a pasarnos unos metros, con lo cual, el otro error más común será impactarla con tanta sutileza (y temor) que quedará corta y… la perdamos por debajo del hoyo.

Enfrentemos las caídas con mayor firmeza, aunque nuestra mente nos diga lo contrario, sin miedos a pasarnos demasiado, teniendo presente que cuanto más rápido ruede menor será su desviación lateral, con lo cual, volvamos a apuntar hacia el centro de la taza. Si la bola rueda con buena velocidad, lo más seguro es que no copiará ‘tanto’ las caídas y desniveles del piso.

Hagamos lo que hagamos, nunca nos olvidemos de ejecutar y tener presente nuestra imborrable rutina de lectura y preparación del tiro. Eso en definitiva es lo que nos dará cada vez más confianza.

No dejemos de ‘ver’ los dos objetivos, es decir, al hoyo propiamente dicho (el ‘objetivo-hoyo’) y al otro ‘objetivo-corregido’, el punto real al que deberíamos apuntar efectivamente considerando alguna caída, para que la pelota se dirija hacia la taza.

Una vez fijada esta “coordenada corregida” orientemos el cuerpo a través de los hombros y nuestros pies, en línea paralela a la dirección. Recién después, regulemos la potencia y dispongámonos a ejecutar.

Suerte y hasta la próxima..!!

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