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Una concentración tan profunda que hace que todo lo que nos rodea desaparezca

Por Marcelo H. Barba

Para comenzar observémonos a nosotros mismos, que no es poco. Luego, reconozcamos que un gran porcentaje de nuestros ‘buenos tiros’ se deben exclusivamente a… un error.

También podemos afirmar si queremos ampliar la confesión honesta, que existe además una cantidad interesante de ejecuciones excelentes, que responden al grado de concentración que tuvimos en ese instante, es decir que, más allá de la suerte, de los buenos piques y de todo eso que nunca dejará de sorprendernos, apareció ‘algo’ que no podemos identificar muy bien, que nos hizo ser prolijos y más exactos. ¿Pero qué es…?

Este tema de la concentración, que viene a ser un clásico entre los clásicos; a pesar de lo reiterativo, sepamos que lleva (hasta ser entendido e incorporado) un tiempo de maduración íntima y gradual en el juego de cada uno.

Cuando comenzamos… hace tanto; tomamos entre las manos un hierro 7 que alguien nos prestó y tratamos de armar el primer swing, pero ni siquiera pensábamos en hablar de concentración, ni entender lo que significaba ese vocablo en el Golf, en todo caso era un acto simple y puro de fe hacia nuestro instructor.

Sin embargo, desde aquel primer swing con el 7 hasta hoy, no sólo ha transcurrido tiempo, sino que seguramente invertimos cientos de horas en práctica y en observar a quienes siempre saben más.

Hoy, con ese cúmulo de observaciones, prácticas y partidos jugados, quizá nos dimos cuenta de algo más. Que la técnica no es todo

Que practicar mil horas tampoco asegura la perfección, que existe en definitiva, un componente que hasta ahora no había aparecido como determinante en la fórmula mental de ‘querer jugar un buen Juego’.

Y aquí aparece y les presento a la Concentración. Un tipo especial de concentración, parecida a la de los monjes tibetanos -que además sepan jugar Golf…-

Pensar sólo y permanentemente en cada una de las variables que hacen al éxito del tiro, en el mismo momento en que se ejecuta; olvidándonos si en ese instante hay un terremoto, pasa un avión, nuestro caddy estornuda o el desgraciado acompañante de juego hace ruidos molestos.

Recién ahí uno empieza a comprender lo que le sucede en una fracción de segundo, en la película mental que se proyecta de sí mismo, que comienza cada vez que enfrentamos la pelota y termina en el momento en que escuchamos y vemos la cabeza del palo impactándola; sea en un tee de salida, en el segundo tiro, en el bunker y en cada ocasión que ejecutemos sobre el green. O sea, siempre.

Hasta aquí, creo que no dije nada nuevo sobre el tema. Así que discúlpenme.

Ahora veamos algo práctico y concreto; alguna señal que nos ayude a acercarnos un poco más a ese estado de conciencia especial donde vive la Concentración. Con lo cual, propongo unas alternativas a tener en cuenta, si me permiten.

Como si hubiera pocas cosas para pensar en el Golf, sobre todo a la hora de efectivizar el tiro, la propuesta es precisamente, no pensar en nada. Alucinante, ¿no?

Quiero decir, en nada nuevo de lo que hayamos aprendido. Porque ahora tendremos que activar el ‘automático’ y dejar que todo lo que aprendimos fluya…

Que todas esas mil cosas que debemos tener en cuenta en cada golpe, salgan de la misma manera que cuando nadamos, para no usar un ejemplo tan común como el de caminar, que dicho sea de paso no es tan común como todos creemos. Tanto en uno como en otro ejemplo -nadar y caminar- veremos cosas aplicables al Golf en muchos sentidos.

No me caben dudas que hemos aprendido a caminar en nuestros primeros años de vida y sabe Dios el tremendo esfuerzo que nos costó. Primero gateamos y recorrimos nuestro reducido mundo en cuatro patas; luego intentamos pararnos sobre dos torpes y rígidos soportes llamados pies, nos dimos muchos porrazos; luego, con trabajo comenzamos a trasladarnos y caminar como robocop, coordinando mentalmente el movimiento de cada parte del cuerpo para no perder el incipiente equilibrio que estábamos comenzando a manejar.

En el ejemplo de la natación (que bien podría ser bicicleta, aplicable también), los que tuvimos la fortuna de haberlo practicado y aprendido en nuestra niñez, vemos que hoy nadamos ó andamos bici sin siquiera pensar en cómo lo hacemos, simplemente nos sale. Es como respirar y flotar, trasladarnos, pedalear y además, elegir la dirección hacia dónde queremos ir.

De la misma forma, la persona que a temprana edad tuvo el privilegio de aprender Golf, hoy efectúa su swing como quien camina; sin pensar en mover primero un pie y luego otro, ni en mantener una postura de equilibrio que le asegure la vertical sobre el piso.

La persona que a temprana edad tuvo el privilegio de aprender Golf, hoy efectúa su swing como quien camina

Volviendo a nuestra realidad, que nos refleja tan duros y flexibles como paquete de fideos secos, veamos qué podemos hacer para mejorar la concentración sin pensar en cada uno de los componentes, manteniendo la mente orientada hacia un solo objetivo: la bandera. Comencemos por lo más fácil: Prepararnos antes.

Se trata de un conjunto de acciones que comienzan teniendo un buen descanso y sueño en la noche anterior al partido.

Dicho de otra manera, no pretendamos jugar concentrados si nos acabamos de acostar a las 4 AM ó tuvimos una cena de sibaritas con vinos, postres y etc’s. No, así no va…ni pretendamos lograr nada bueno. Eso es como querer nadar y fumar al mismo tiempo.

Otros temas a considerar en nuestro rito pre-concentración son:

Llegar con tiempo al vestuario y de ser posible visitar el baño (esto no es menor, dado ‘aguantarse’ las ganas durante 9 / 18 hoyos desconcentra muchísimo)

Apagar el celular (por Dios…)

Ponernos ropa adecuada. Significa sentirnos cómodos antes de efectuar el primer tiro; no tener nada en los bolsillos que moleste, que haga ruido -monedas, por Ej.- cuando nos movemos o caminamos; contar con atuendos que no aprieten ni nos quiten libertad de movimientos (sobre todo cuando llueve y jugamos con camperas)

Practiquemos swing, diez minutos de «Putting», y si se puede y la cancha lo permite, tiremos unas 10 pelotas en la zona de práctica para aflojar el físico y tener más sensación cuando peguemos en serio.

SUGAR GROVE, ILLINOIS – SEPTEMBER 16: Team Captain Dustin Johnson of 4 Aces GC plays his shot from the 18th tee during Day One of the LIV Golf Invitational – Chicago at Rich Harvest Farms on September 16, 2022 in Sugar Grove, Illinois. (Photo by Chris Trotman/LIV Golf via Getty Images)

Adoptemos una rutina única y repetitiva para cada tiro, sea para el driver como para el putter; pero incorporemos esto como una pieza importante de nuestra preparación en cada ejecución. Este es quizá el elemento más visible en la actitud de los profesionales, su repetitiva, aburrida e infaltable rutina pre-tiro.

Si algo nos distrajera o nos saliera mal antes de impactar… paremos; retrocedamos, volvamos a ejecutar la misma rutina preparatoria, respiremos dos o tres veces profundamente y nuevamente enfrentemos el tiro con la mente despejada y orientada.

Recordemos algo simple: el cansancio y la sed desconcentran mucho (sobre todo con calor) así que bebamos, aunque no tengamos deseos. Mi médico dice que cuando uno tiene sed, ya es tarde…

Pensemos cuando estemos parados frente al tee, que estamos solos, sin nadie que mire los movimientos. Este es otro gran punto de concentración, que cuesta entenderlo cuando empezamos a jugar. En realidad, todos los que nos rodean están pensando en su propio juego y les importaba un rábano cómo saldrá nuestro tiro, pero eso se incorpora con el tiempo.

Con este mismo espíritu de concentración:

Evitemos mirar y analizar el tiro que acaba de hacer nuestro compañero. Con esta mínima acción lograremos que nuestra mente no «copie» otra película, por más que el tiro haya sido una maravilla. Escapemos del error de grabar en nuestra memoria la forma en que lo ejecutó, cómo levantó el palo y cómo bajó e impactó la pelota, dado que nosotros -gracias a Dios- tenemos la propia.

Sintámonos sólidos -y coherentes- con nuestro esquema de juego, no imitemos, no innovemos, por lo menos durante los torneos.

En definitiva, el mensaje es tratar de limpiarnos de todo pensamiento y distracción que, a la hora de pegar el primer o cuadragésimo tiro, haga que nuestra concentración se debilite y aleje de nuestro principal objetivo.

Lo importante (y difícil) en este ejercicio de concentración, es lo siguiente:

Borrar el último tiro malo o aquel peor hoyo que acabamos de jugar. Pasemos al siguiente como si recién empezáramos el juego. ¿Alguien podrá…?

Hasta la próxima.

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