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Para quienes se inician en el golf: Las conexiones finas y el aprendizaje

Por Marcelo H. Barba

Somos un complejo sistema: de órganos, músculos, huesos, fluidos y conexiones finas. Todo funciona de manera organizada y casi perfecta. Y como si fuese una gran computadora, nuestro cerebro controla cada acción y pausa en forma consiente o en ‘automático’.

Del mismo modo en que -ahora mismo- no se nos ocurre pensar en ‘si la heladera de nuestra casa está funcionando’, o si la luna continúa girando alrededor de la tierra; tampoco pensamos en los millones de conexiones activas que en este preciso instante controlan nuestros órganos y músculos.

Físicamente tuvimos la oportunidad de aprender a caminar, hablar, nadar, andar en bicicleta o comer; cada parte del organismo aprendió en sus primeros momentos qué cosa hacer y cuándo hacerlo; las células especializadas fueron trazando caminos y uniendo pequeñas conexiones internas, para que todo sucediera luego en forma automática.

Con el Golf pasa algo similar. Si tuvimos la suerte de incorporarlo a nuestras vidas en los momentos del ‘aprendizaje natural’, cuando esas conexiones ‘finas’ se disponían y unían nuestro cerebro con los músculos, hoy todo sucedería de una forma fluida y original… pero no todos tuvimos esa oportunidad.

Para quienes decidimos aprenderlo ‘de grandes’, nos fue bastante complicado definir esas conexiones, o por lo menos, aún se nos hace tremendamente dificultoso incorporar un swing como un movimiento natural fluido junto a las demás técnicas de la disciplina. Descubrimos (tardíamente) que no tenemos ‘cableadas’ las conexiones entre nuestro cerebro y cada parte del cuerpo que normalmente se utiliza para la práctica del Golf.

Aprender Golf -de grandes- es como intentar agregarle nueva electrónica a un automóvil antiguo… aquellos que hace algunos años atrás no traían “ABS” ni “GPS” ni arranque sin llave, ni Radares, ni todo lo que hoy –de forma natural- traen los nuevos modelos.

La gran diferencia es que somos humanos y tenemos mejores capacidades que cualquier máquina, entonces, si nos lo proponemos… no duden que lo lograremos, con paciencia, muchísima práctica, más paciencia y muchísima más práctica.

Cable por cable, le iremos conectando y enseñando a nuestro cerebro qué músculo tendrá que gobernar, qué hueso deberá mover y de qué manera juntar todas esas acciones en un único movimiento llamado “Swing”. Parece fácil, no?

Pero entre ese cableado original y el que haremos ahora, deberemos comprender que tenemos ocupados los espacios y las conexiones con otras mil cosas en nuestra mente, que para que esos vínculos queden firmemente establecidos tendremos que grabar cada movimiento a fuerza de repeticiones, pruebas y errores, generando la memoria muscular que finalmente necesitaremos utilizar en cada ocasión.

Precisamente por ese motivo requeriremos muchísimo ejercicio con el Driver, el Sand, el hierro y el putter, tanto que además recurriremos a profesores y a acumular muchas horas de experiencia con baldes y baldes de pelotitas…

Finalmente (aunque jamás lleguemos a un final) podremos sentir que dominamos un “set” de movimientos y técnicas que nos permitirán sentirnos conformes con nuestro juego, entenderlo y disfrutarlo en un campo de Golf.

Si tuviera que imaginarme un ejemplo, se me ocurre pensar en el aprendizaje y dominio de algún idioma distinto al de nuestro origen… es bastante similar. Estaremos en condiciones de mantener un diálogo con el extranjero, cuando por fin logremos manejar un ‘set’ de palabras, verbos y giros idiomáticos. Pero para enriquecer esta situación, deberemos continuar con nuestra práctica, viajar más frecuentemente y no dejar en el olvido todo aquello que aprendimos.

Se dice que uno llega a dominar un idioma cuando finalmente logra pensar en ese idioma, es decir, deja de traducir mentalmente lo que escucha y lo que desea expresar. Para el Golf, diría también que llegamos a dominarlo medianamente bien, cuando dejamos de pensar en cada componente que conforma nuestro golpe, en la posición de los pies, en la de nuestra cabeza, en el grip, si pisamos arena o rough, ni en el tipo de swing a ejecutar en cada caso. Todo ello debería suceder en ‘automático’ y fluir tan naturalmente como cuando caminamos.

Para quienes hayan tomado la hermosa decisión de comenzar con el Golf, piensen en esto y no se desanimen jamás, ya que no es imposible dominar sus técnicas.

Tal vez el secreto más significativo para el aprendizaje, está precisamente en nuestra perseverancia, en la frecuencia y en la continuidad que le demos a nuestras prácticas, todo ello con una gran cuota de paciencia (tibetana…).

Que tengan maravillosas horas de Golf, junto a sus amigos… como siempre.

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