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Pablo Chen: “Abandoné el golf durante ocho años por bronca”

Por Lautaro López

A través de una invitación de su cuñado para asistir a un evento, Pablo Chen se acercó al golf y descubrió una pasión que lleva más de tres décadas, con un período de distanciamiento que muestra las emociones que despierta este deporte. A sus 56 años, Chen cuenta con 6.2 de hándicap y es socio del club Haras Santa María.

-¿Desde cuándo juega al golf y cómo empezó?

-Hace 36 años que juego, aunque abandoné el golf durante ocho años por bronca. Estaba clasificado para una final y se me ocurrió cambiar los palos. Compré unos nuevos justo el día previo a esa final y no le pude pegar. Me dio tanta bronca que dejé de jugar. Retomé varios años atrás, ahora sigo teniendo calenturas, pero son más manejables.

-¿Qué lo motivó para comenzar su práctica?

-Mi cuñado ya jugaba y un día me dijo de ir a un evento de golf en Mercedes. Tenía 30 años y fui sin saber lo que era. Mientras él hacía su ronda, tomé una clase para saber cómo era y me gustó. Compré unos palos y empecé a jugar.

-¿El golf lo atrapó desde el primer día?

-Así es el golf. Te gusta y te obsesiona o directamente no te gusta. No hay un punto medio, mucho menos cuando uno empieza. En Mercedes me paraba en la cancha esperando a que deje de llover. Ahora no saldría a jugar con lluvia. Durante tres o cuatro años, viajé todos los fines de semana a Mercedes para jugar al golf, sin importar si llovía ni nada. Cuando se habilitó llevar el hándicap en otras canchas, dejé de ir a Mercedes y jugaba en zona norte y sur del Gran Buenos Aires, diferentes circuitos.

-¿Quién fue su primer profesor?

-Nunca más tomé clases, siempre me formé viendo vídeos y leyendo revistas. En aquella época internet era limitado, entonces compraba muy seguido la revista Golf Digest. Estaba muy enganchado con el golf, pero tomé muy pocas clases. Fui con un profesor cuando tenía 15 de hándicap y dado que en cuatro clases sentí que me arruinó el swing, nunca más volví. Ahora sigo con lo mío.

-¿Cómo decidió retomar después de tantos años?

-Durante esos ocho años no tenía hándicap. Cada cinco o seis meses me invitaban a jugar e iba, pero simplemente salíamos a divertirnos, no competía en torneos. Mi pareja de ese momento me dijo: “Si te gusta tanto, ¿por qué no volvés?”. Yo no tenía ganas, hasta que ella para mi cumpleaños me regaló una gorra, un guante y unas pelotitas. Entonces saqué hándicap nuevamente y volví a jugar.

-¿Cuáles fueron sus mejores resultados?

-El mejor resultado fue un par de cancha gross que hice hace unas semanas en el campo Haras Santa María. Sentí que cambió mi ansiedad en el juego. Según el tipo de hándicap que tengas, más allá de que hay que tener cierta técnica, también influye mucho cómo uno se presiona o condiciona cuando va a jugar. He tenido días malos, pero así es el golf. Es imposible ser regular todo el tiempo. Por otro lado, he ganado varios torneos en distintas canchas. Este año terminé segundo en mi categoría en una de las fechas del circuito El Cronista Open Golf.

-Para los interesados en el turismo y el golf, ¿cuáles campos recomendarías en la Argentina como impostergables?

-En la Argentina hay campos hermosos. Jugué en Córdoba, Bariloche, San Martín de los Andes, Tandil, Sierra de la Ventana y en la costa. Las canchas de Córdoba me encantaron, son muy lindas y difíciles. Conocí Potrerillo de Larreta, Estancia La Paz, El Terrón y Villa Allende. En La Costa también hay lindas canchas y las del sur se destacan por el paisaje. Si tengo que nombrar una, elijo Estancia La Paz mientras que la de Villa Allende tiene una mística detrás.

-¿Qué destaca de los campos de Córdoba?

-Córdoba es un excelente destino para ir a jugar al golf. No queda tan lejos de Buenos Aires y hay muchas canchas para elegir. Tanto la dificultad como el dibujo de la cancha son importantes, al igual que el estado del campo y el paisaje. El hecho de hacer un viaje para ir a jugar a otro lado ya tiene un plus porque uno va con amigos y se genera un clima especial.

-¿Cuáles son sus dos canchas de golf preferidas a las que asiste habitualmente?

-Mis dos preferidas son Pilar Golf, que es muy linda, y el Buenos Aires Golf, aunque no es una cancha abierta, hay que ir invitado. Lagartos también es una buena cancha, siempre está en muy buen estado. Estancias de Pilar, Pilará, Highland y Olivos son otras para destacar. Es complicado mantener una cancha de golf en excelente estado, más allá del dibujo, pero esas canchas particularmente están siempre bien.

-¿Long drive o approach?

-Creo que un buen drive no significa tener un buen hoyo, pero un buen approach te garantiza un buen resultado en ese hoyo. El golpe de salida tiene un porcentaje de nervios acerca de cuán largo se le puede pegar. A todo el mundo le gusta pegar derecho y largo, pero eso no te asegura nada. Uno puede hacer un maravilloso golpe de salida y fallar en dos o tres golpes más hasta embocar. En cambio, en un approach, que por lo general son todos par 3, casi que uno se asegura un buen score. Además, también influye que uno siempre busca hacer ese famoso hoyo en uno que yo nunca hice. En cada par 3, uno siempre sueña con hacer hoyo en uno.

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-¿Si tuviera que salir solo con tres palos cuáles serían?

-Ya he jugado alguna vez solo con tres palos. En Mercedes tenían esa costumbre. Jugábamos a la mañana, almorzábamos y después salíamos a la cancha. Elijo el hierro 6, un wedge que puede ser un 60 o 54 y el putter. Si uno juega con un solo hierro, lo más probable es que después de pegarle tres o cuatro veces ya no tenga que pensar en cómo pararse frente a la pelota porque es el mismo que vas a jugar la mayoría de las veces. El hierro 6 es un palo que da una distancia relativamente larga. En un par 4 de, por ejemplo, 360 yardas, se puede llegar tranquilamente en dos golpes, que es lo mismo que jugar con un drive y un hierro más corto. También para un par 5. El wedge lo usaría en caso de caer en la arena, nada más que eso. Y luego el putter para tener más chances arriba del green.

-¿Cuál es el mejor campo de golf que conoció en su vida?

-En 2017 fui a jugar a Miami y estuve hospedado en el PGA National y en el Doral. Las canchas de Estados Unidos están a otro nivel en todo sentido, desde el estado del campo y el servicio hasta la organización. Pareces un profesional por la forma que te atienden. Todas las canchas eran maravillosas.

-¿Qué las hace tan especiales? 

-Jugué la cancha Blue Monster y otra que es sede del US Open. Ambas son dificilísimas, no se puede entender cómo los profesionales hacen las cosas que se ven por televisión. No estamos acostumbrados a jugar en ese tipo de canchas. La gran dificultad eran los greens, todos muy rápidos y duros. En Doral es particularmente complicado dejar la pelota arriba. Toda la experiencia del viaje es algo inolvidable.

-¿Alguna vez estuvo cerca de un hoyo en uno?

-Lo más cerca que estuve fue dejarla a unos cinco centímetros detrás de la bandera. Cuando le pegué vi que en el aire iba con buena dirección. Picó, rodó hacia el hoyo y dije “La metí”. Todos pensamos que entraba, pero evidentemente pasó por el borde del hoyo y quedó ahí colgada. Fue en la cancha de San Patricio, aproximadamente hace un año.

¿Quiénes son los miembros más habituales en su línea?

-Tengo un grupo de amigos del club Haras Santa María, pero conozco a todo el mundo, si algún día hay otra línea nos mezclamos. Con los que juego casi siempre somos cinco. Todos los fines de semana me veo con ellos y hace dos meses organizamos un viaje a la costa. Con dos de ellos juego en El Cronista Open Golf. El año pasado creo que me perdí las dos primeras fechas del circuito y este año participé en todas.

-¿Hay otros golfistas en su familia?

-Mi cuñado solamente. Él empezó a jugar desde muy chico y llegó a tener 3 o 4 de hándicap. Ahora ya no juega más. Dejó hace varios años, aunque de vez en cuando va a practicar un poco.

-¿Cuál es su palo preferido?

-Últimamente el drive porque durante mucho tiempo no le podía pegar. De repente, empecé a cambiar y ahora me divierto. El drive me gusta particularmente. Es un palo difícil y tener constancia es complicado. Entonces, cuando uno empieza a tomar cierta regularidad con buena distancia y buen vuelo de pelota, te da algo especial, es un palo distinto. Los hierros son más largos o más cortos, pero son similares. Si se justifica por la distancia y la complejidad del hoyo me lo permite, elijo el drive.

-¿Qué es el golf para usted?

-Es una buena excusa para estar entre amigos. De chico hice muchos años artes marciales y también jugué al tenis. Después dejé de hacer deporte un tiempo hasta que encontré el golf. Es un deporte hermoso para mí, no me aburre para nada. Tal vez verlo no le resulta entretenido a otros, pero si uno le toma el gusto es un deporte desafiante. Cuando uno siente que le pega bien, se disfruta mucho. Tal vez no ocurra seguido durante los 18 hoyos, quizás un jugador tiene tres o cuatro golpes buenos, el resto se va sobrellevando.

-¿Qué tiene el golf de especial que otros deportes no tengan?

-Es un deporte en el cual no dependes de otro para practicarlo. En el fútbol necesitas de un grupo o en el tenis de un contrincante mientras que en el golf si quiero voy, agarro una pelota y salgo a jugar. Si bien hay una interacción porque generalmente vas con alguien, tu juego no depende de los demás. Es decir, que gane o pierda no depende del otro, sino exclusivamente de uno. Obviamente que te puede ganar alguien que juegue mejor, pero tu nivel de juego no depende del nivel del otro. Incluso se puede salir a jugar solo. Es un deporte para gente que le gusta lo individual.

-¿Tiene una anécdota relacionada con el golf que quiera compartir?

-Este año junto a unos amigos de Haras Santa María nos anotamos para ir a un torneo. Éramos cuatro en la línea y habíamos quedado para jugar a las 8.10 horas en Praderas de Luján. Llegamos a las 7.15 horas, tranquilos y nos llamó la atención que no hubiera gente. Decíamos “Qué raro que no hay ningún stand”, pero supusimos que todavía era temprano. Cuando llegó el cuarto integrante de nuestra línea nos empezamos a preguntar si se había suspendido. Nos comunicamos con uno de los organizadores que nos contestó “¿Qué hacen en Praderas? Se juega en Highland”. En los mensajes él nos había dicho Praderas y nos quedamos con esa idea. Cargamos todo en los autos y nos fuimos rápido. Llegamos a Highland 8.15 horas, por suerte nos esperaron. Bajamos los palos y salimos a jugar la ronda. Después de ese día, cada vez que vamos a jugar me preguntan si estoy seguro que es en esa cancha.

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