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Marcelo Fossi: “Con un grupo de amigos hacemos una ‘Copa Ryder’ entre Argentina y Chile”

Por Lautaro López

Una cuestión física y un nuevo lugar de residencia fueron los factores que llevaron a Marcelo Fossi a conocer el golf. A lo largo de una década de vínculo con este deporte, encontró una pasión y formó un grupo de amigos con golfistas de El Paraíso Country Club. A sus 54 años, Fossi cuenta con 18 de hándicap y su mejor registro fue 14.

-¿Desde cuándo juega al golf y cómo empezó?

-Hace diez años, cuando el médico me dijo que ya no podía jugar más al fútbol por la rodilla y tuve que buscar otro deporte. Me mudé a un barrio cerrado donde había golf, empecé a jugar con amigos y fue un camino de ida.

-¿Tomó clases alguna vez?

-Fui a dos clases. Una vez que uno empieza a mejorar un poco y encuentra la sensación del golpe, sumado a los amigos y la camaradería que hay, se engancha. Ahora tengo la posibilidad de jugar una vez entre semana y los sábados.

-¿Cuáles fueron sus mejores resultados?

-He ganado bastantes veces. Gané en torneos locales como El Cronista Open Golf y también campeonatos internos del country. La mejor ronda que hice fue un score de 64 golpes neto, una vez en San Eliseo y otra en El Paraíso.

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-Para los interesados en el turismo y el golf, ¿cuáles campos recomendarías en la Argentina como impostergables?

-Depende. El de Cafayate, en Salta, me gustó mucho por los paisajes y la cancha también está bastante buena. El entorno entre las sierras coloradas y los valles, con viñedos a un costado es lindísimo. Además, está a unos 3 mil metros de altura aproximadamente. Se nota la diferencia por el oxígeno. Uno terminaba y se sentía como que hubiese caminado el doble. Las de Bariloche son muy lindas y, dentro de las más cercanas a Buenos Aires, las de Tandil son bárbaras. En Córdoba también hay buenas canchas como El Terrón, Potrerillo de Larreta y demás para ir a jugar y pasar lindos momentos.

-¿Cuáles canchas destaca de Bariloche?

-El Llao Llao y Arelauquen. La cancha Llao Llao tiene una primera parte accesible mientras que la segunda es un poco más complicada. Pero la que me pareció más difícil fue Arelauquen por las inclinaciones del campo. Uno nunca pega sobre un lie estable, sino que siempre se tiene la pelota para arriba o abajo. Uno no está acostumbrado a jugar en esa superficie. En los greens sucede lo mismo porque uno piensa que va a caer para un lado y cuando le pega a la pelota, cae para el otro.

-¿Cuáles son sus dos campos de golf preferidos a los que asiste habitualmente?

Cañuelas y San Eliseo, están en la zona donde jugamos en la semana. A veces vamos a Lagartos, que también me gusta mucho, o Pilará. La cancha de Cañuelas se destaca por el trazado, lod greens y, sobre todo Cañuelas, lo que tiene de lindo es el club house para comer y compartir con amigos. San Eliseo es una cancha abierta, con fairways muy lindos y un rough que juega bastante porque, si bien no es tan alto, al ser un pasto duro influye en el golpe.

-¿Long drive o approach?

-El Long drive me gusta más. Generalmente lo he ganado más veces gracias a la distancia que tengo con el drive. Según el día, uso el drive y la madera 3. Hay días que uno sale derecho y va bien con el drive. Cuando sale torcido bajo a madera 3 porque me ayuda a mantenerme un poco más en juego.

-¿Si tuviera que salir solo con tres palos cuáles serían?

-Elegiría un hierro 4, un hierro 9 y el putter. Tanto en un par 4 como en un par 5, saldría con el hierro 4 que también lo usaría para el segundo golpe. Después pegaría con el hierro 9 para hacer el approach. Son las distancias que alcanzo. Con un hierro 4 estoy pegando alrededor de 190 y 210 yardas mientras que con el hierro 9 hago entre 130 y 150 yardas.

-¿Cuál es el mejor campo de golf que conoció en su vida?

-Del exterior el Trump Golf Doral de Miami y de la Argentina Pilar Golf. En el Doral hay 4 canchas, nosotros jugamos 3. Son lindas y también difíciles. Si bien parecen fáciles, los greens son como vidrios. Las pelotas corren totalmente distintas y cualquier pendiente la agarran por completo. Recuerdo un hoyo muy lindo par 4 en el cual uno sale y tiene más de 200 yardas con un dogleg y después tiene un green que está protegido por agua y búnkeres.

-¿Alguna vez estuvo cerca de un hoyo en uno?

-No, lo más cerca que estuve habrá sido a medio metro en el hoyo 10 de El Paraíso. En el aire ví que iba a la bandera, pero como la perspectiva engaña, hasta que llegué al green no pensé que había quedado tan cerca.

-¿Quiénes son los miembros más habituales en su línea?

-Somos un grupo de ocho que empezamos juntos porque nos mudamos al barrio más o menos en la misma época. Salíamos a jugar fuera de horario sin conocer nada de las reglas. Son Roberto Toscano, Diego Barraza, Carlos Grisoglio, German Debonis, Eduardo Isoardi, Martin Quiñones, Fernando Castello y Juan Otero. Cuando vamos a torneos en el interior, que siempre somos prácticamente los mismos, competimos entre nosotros. Tenemos un trofeo y al que gana le queda esa copa y queda registrado con el nombre del que ganó. El que gana y el que pierde ese torneo, tienen que hacer el asado para todos. Si uno llega a ganar tres veces, esa copa queda ya para esa persona. Todavía no sucedió. Jugamos tres o cuatro torneos por año más o menos. Vamos a Tandil, Sierra la Ventana, Bariloche, Córdoba, Salta y Termas de Rio Hondo en Santiago del Estero, entre otros lugares.

-¿Cuál es su palo preferido?

-Estoy entre el hierro 7 y el wedge 54. El hierro 7 me ha permitido acertar greens y el wedge los approachs dentro de las 50 o 60 yardas.

-¿Qué es el golf para usted?

-Hoy en día es algo que, si no lo tengo, lo extraño muchísimo. Es un cable a tierra con respecto a toda la vorágine del trabajo y cosas que uno realiza. A veces satisfacción, otras veces bronca, pero la bronca se termina ahí en el hoyo o en la vuelta y nada más. No pensé que el golf me iba a enganchar tanto como lo hizo. Un poco lo tomo de forma competitiva porque eso también ayuda a mejorar. Si uno lo hace solamente recreativo, no se preocupa por hacer buenos golpes ni por superarse.

-¿Qué tiene el golf de especial que otros deportes no tengan?

-El individualismo, pero en cuanto a que uno no pueda hacerse trampa. Porque si uno hace trampa, se engaña a sí mismo. También que los resultados dependen de uno. En el fútbol, en cambio, si uno anda mal, quizás un compañero lo compensa. O dependiendo si el contrario es muy malo o bueno, uno se aburre. En el golf siempre se disfruta porque con el hándicap se puede nivelar.

-¿Tiene una anécdota relacionada con el golf que quiera compartir?

-Con un grupo de amigos hacemos una “Copa Ryder” entre Argentina y Chile. Cuando un amigo argentino que juega al golf se fue a vivir a Santiago de Chile, empezó a fomentar que hagamos un intercambio. Entonces surgió la idea de jugar una especie de Copa Ryder. Primero fuimos nosotros allá y perdimos. Conocí varias canchas en Santiago. Tienen las mismas complicaciones que los campos de montaña argentinos. Jugamos en un valle, montaña y también en un barrio que hay en Santiago. Después cuando vinieron ellos les ganamos. Van dos ediciones y una fue para cada lado. Son equipos de entre ocho y diez jugadores. Un día jugamos formato medal, otro día fourball y hacemos distintos tipos de torneos. Ahora estamos planificando la próxima que puede ser en Córdoba o Bariloche.

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