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Llueve: ¿Qué hacer hasta que pare? 

Por Marcelo H. Barba

El tiempo está loco… Muchas áreas del país están secas y ansiosas de agua, mientras que en otros sitios sufrimos un clima prácticamente selvático y, si esto no cambia, ‘los del lado húmedo’ deberemos esperar más fines de semana para que los campos de Golf se recuperen y queden mínimamente jugables. Pero precisamente ahora sigue la lluvia y ni siquiera es posible pisar un fairway

Nuestras amadas compañeras atravesarán por momentos simultáneos de placer y molestia, emitiendo en primera instancia: “Menos mal que llueve, así podremos compartir juntos este fin de semana…”; pero su congénita disconformidad no tardará en aparecer y luego de tantos ‘momentos lluviosos’ llegarán al punto de displacer diciendo: “Por favor… que deje de llover, así me quito de encima a este molesto personaje que no sabe qué hacer sin su Golf…”

Así son ellas… así serán y es, en definitiva, nuestra vida de golfistas. Los que miramos a través de una ventana empañada cómo se diluye otro fin de semana sin Golf, y ya van…

Aburridos y alejados de nuestra rutina principal, no nos quedará más que entretenernos con lo que podemos, entonces desarmaremos la bolsa de palos, limpiaremos y lustraremos cada madera y hierro hasta dejarlos nuevos o casi… (total, tenemos tiempo y eso es parte del Golf); luego con calma, paciencia y algo de nostalgia procederemos a vaciar los compartimentos y bolsillos, asombrándonos de la cantidad de cosas deterioradas e inservibles que guardamos desde hace años… más tarde, seguirá el turno del carrito propiamente dicho, desarmaremos sus ruedas, lavándolas con jabón y cepillo hasta que parezcan flamantes, lustrando el resto de los elementos que finalmente quedarán como si jamás hubiésemos jugado.

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Pero la lluvia sigue… entonces, se nos ocurrirá lavar todas esas pelotitas que compramos y guardamos, que por lo general están marcadas con algo de barro y pasto viejo. Nos apropiaremos de un balde que a regañadientes nos prestará nuestra compañera, para verterle una mezcla ‘propia’ de químicos: agua, vinagre, lavandina, limpiadores, detergentes, líquidos limpia baños, pasta dental, alcohol, en fin… una sopa radioactiva donde se perderán las pelotas en el fondo y nosotros perderemos la piel de nuestras manos al lavarlas una por una. Pero todo valdrá mientras siga lloviendo…

Sorpresivamente, sonará el celular y uno de nuestros amigos nos comentará, con voz de niño que descubrió un tesoro de piratas, que encontró un campo de Golf en condiciones de juego… nos transmitirá su infinita alegría y ansiedad diciéndonos que allí podríamos jugar… (pensaremos que es broma, pero un fan enloquece a otro fan). Terminará de convencernos diciendo, además, que le habían contado las características especiales del terreno, que había absorbido el mayor porcentaje de agua caída y que, salvo algunos sectores, estaba en condiciones de juego. Ahora vendría lo mejor…

Dicho campo se encuentra a 60 Km. de distancia de la ciudad, o sea… gran viaje (de ida y peor, de vuelta). Es más, cuando por fin nos convencimos y llegamos, ya pasadas las 10 AM, el sitio estaba tan concurrido como un Shopping en pleno domingo de rebajas, o para ser más preciso, estaba totalmente saturado de jugadores que, como nosotros, creían haber descubierto la pólvora al encontrar este raro lugar ‘jugable’

Para acortar la historia, tendríamos que haber esperado hasta las 13hs. para conseguir una salida de tres jugadores y sentirnos contentos con jugar tan sólo 9 hoyos, ya que el resto estaba intransitable… Me olvidaba de algo: deberíamos dejar el carrito y llevar las bolsas al hombro. Sin palabras.

En síntesis, no jugamos y decidimos volver, pero lo positivo del día fue haber realizado un buen paseo y que aprovechamos la circunstancia para charlar de nuestras cosas, terminando con un sabroso almuerzo en algún restorán de la ruta (que irónicamente se parecía a un club-house de Golf, por la cantidad de golfistas que optaron por el mismo final gastronómico).

Para colmo, en todo el camino de vuelta no dejó de llover; así que agradecimos no haber esperado en aquella cancha ‘semi seca’, donde quizás ni siquiera hubiéramos podido recorrer los únicos 9 hoyos habilitados.

Muchachos golfistas, quizás se sientan identificados en estos momentos de ‘angustiantes lluvias…’ Sepamos esperar al Sol, al viento seco y que en un tiempo más podamos volver al campo, después de todo… esto de ser golfista es una lucha, ¿o no…?

Mientras tanto, aprovechemos junto a nuestras compañeras de vida, y sigamos alegrándolas con nuestras limpiezas, lustradas y preparaciones de todo el equipo para la gran salida.!!! (esa será otra prueba de amor y de aguante, de ellas a nosotros, por nuestras obsesiones y manías…)

Hasta la próxima.

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