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Javier Casas: “El golf te enseña tus propias limitaciones”

Luego de sufrir una lesión que le impidió jugar con frecuencia al fútbol, Javier Casas buscó refugio en el golf y encontró un deporte que le brinda enseñanzas, interesantes desafíos y un ambiente para disfrutar con amigos. A los 58 años, Casas juega entre una y dos veces por semana, es socio del club La Colina y cuenta con 28 de hándicap.

-¿Desde cuándo juega al golf y cómo empezó?

-Comencé hace unos siete años por intermedio de un amigo. Empezamos juntos. Me invitó a probar y fui. A partir de ese momento arrancamos a jugar.

-¿Qué lo motivó para comenzar su práctica?

-Venía del fútbol, Había tenido una lesión y ya no podía seguir jugando al fútbol con la asiduidad que me gustaba. Entonces decidí hacer un deporte que realmente sea difícil y que, a su vez, lo pueda practicar durante un largo tiempo. El golf calculo que lo voy a poder seguir jugando mucho tiempo y es extremadamente difícil. Sin entrenamiento y sin una cabeza, es casi imposible jugarlo. Ese es el desafío. A medida que pasa el tiempo y la vida, por lo menos en lo deportivo, cada golpe, cada hoyo y cada decisión son un desafío. Eso hace bien a la cabeza, más allá del resultado que es secundario.

-¿Tomó clases?

-Al principio tomaba clases una vez por semana y después cada quince días. Seguí así durante aproximadamente siete meses, iba a tirar pelotas y jugaba asiduamente jueves y sábado. Luego, por problemas laborales ya no pude ir a tirar pelotas y tampoco jugaba los jueves. Este es un deporte en el cual sin entrenamiento no hay resultados.

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-¿Cuántas veces por semana juega normalmente?

-Los fines de semana juego siempre. Después en la semana intento jugar otra. En los primeros seis meses del año juego una vez en la semana y en la segunda etapa se me complica mucho por el trabajo, entonces juego solamente los fines de semana.

-¿Cuáles fueron sus mejores resultados?

-Una vez hice un score de 64 en La Colina, creo que con 22 de hándicap. Ese puede haber sido el mejor resultado. Soy socio de La Colina y juego asiduamente ahí los fines de semana. Como el campeonato del club se juega sin hándicap, no tengo chances. Los que ganan son los de hándicap bajo. Sí he ganado torneos ahí dentro de mi categoría, contando el hándicap obviamente.

-Para los interesados en el turismo y el golf, ¿cuáles campos recomendarías en la Argentina como impostergables?

-Ayuda más el paisaje de las del sur. Me gustan Llao Llao y la de San Martín de Los Andes por su diseño y el entorno en general. Hay hoyos que tienen diferentes grados de complejidad. Hice un viaje con amigos para conocer canchas. Jugamos en Llao Llao, Arelauquén y la de San Martín de Los Andes que es muy linda, pero sin caddie realmente es muy difícil de leer. Hace poco fuimos a Córdoba, done jugamos en Potrerillo de Larreta, Valle Golf Club y El Terrón. Potrerillo también es una cancha que me gustó mucho y la de Valle tiene búnkeres por todos lados.

-¿Cuáles son sus dos campos de golf preferidos de Buenos Aires?

-Olivos Golf Club me gustó mucho. Fui a jugar este año después del Abierto de la República por intermedio de un amigo. El torneo terminó un domingo, la jugué un miércoles y realmente estaba inmaculada y difícil. Éramos un grupo de ocho. Creo que terminé con un score de 75 golpes, pero me pareció preciosa. En la zona oeste, Pilará y Pingüinos son canchas que también me gustan por la complejidad que tienen.

-¿Long drive o approach?

-Approach. Me parece que, a partir de las 120 o 130 yardas, dejarla dada es otra cosa. Es más definitorio. O sea, lo otro no deja de ser una distancia que está buena y sirve, pero el drive uno lo podría llegar a suplantar. Si uno está a 120 o 130 yardas y no la deja más o menos cerca, va a estar complicado por algún búnker, el agua o los movimientos del green.

-¿Cuál es el hoyo que más le gusta?

-En Cañuelas, otra cancha que me gusta, hay un par 3 que es un hoyo ciego, de unas 110 yardas. Tiene un grado de dificultad que uno lo ve en el momento. Son hoyos que llevan otro tipo de compromiso en el momento de pegar, no perdonan. Ese tipo de hoyos me gustan un poco más porque tienen cierto desafío por fuera de lo que es el green.

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-¿Si tuviera que salir solo con tres palos cuáles serían?

-Sin contar el putter, elegiría un hierro 5, un pitch y el drive. Contando el putter, reemplazaría el drive por el putter. El hierro 5 me sirve tanto para la salida como para un segundo tiro si pego un drive en el primero. En el caso de un par 3 entre 180 y 210 yardas, puedo hacer 160 con un hiero 5 y después el approach con un pitch. Para un par 4 o un par 3, me daría un poco más de hándicap. Perdería en un par 5, pero podría jugar tres hierros con la idea de hacer 150 con cada uno, subir con el tercero o cuarto y luego el putter.

-¿Alguna vez estuvo cerca de un hoyo en uno?

-Una vez en Tortugas quedé muy cerca. Hay un par 3 que estaba a 130 o 140 yardas, pegué con un hierro 6 y me quedó a menos de una tarjeta de distancia del hoyo. La pelota picó, subió y quedó corta.

-¿Quiénes son los miembros más habituales en su línea?

-Somos un grupo de ocho personas que vamos a jugar los fines de semana. Todos hacíamos golf por nuestra cuenta y nos fuimos juntando. Nosotros nos conocíamos por fuera del golf, ninguno tenía club. Cada uno iba conociendo a otro y comentaba que tenía un amigo que jugaba al golf y le decíamos que lo invite. De los ocho que somos, cuatro nos conocimos por fuera del golf y empezamos a jugar juntos.

-¿Cuál es su palo preferido?

-El hierro 5. Lo uso para una distancia aproximada de 150 o 160 yardas. Tengo más recursos con el hierro.

-¿Qué es el golf para usted?

-El golf es un deporte que te enseña tus propias limitaciones. Es un gran deporte porque sos vos contra una cancha y una pelota. El golf enseña mucho acerca de la frustración, a manejarla y a mejorar. Uno se pregunta: ¿Puedo mejorar? ¿Quiero mejorar? ¿Intento mejorar? Si quiero hacerlo, lo hago. No hay otra forma. Para mí es un deporte que me deja muchas enseñanzas.

-¿Qué tiene el golf de especial que otros deportes no tengan?

-Es el único deporte individual que hice. Siempre jugué al fútbol que es compañerismo, trabajar en equipo y tiene el error del contrario. Son cosas completamente diferentes. En el golf el error es de uno, hay que aceptar que uno puede hacer las cosas mal en el deporte. De todos modos, eso termina siendo secundario porque lo importante es el grupo. Para mí es fantástico sentarnos a comer y charlar.

-¿Sigue los torneos profesionales?

-Suelo ver el último día de algún torneo importante. Principalmente los seis o siete hoyos finales. Cuando se define uno quiere ver qué hacen y cómo resuelven. Creo que, a otro nivel, les pasa más o menos lo mismo que a uno. Es decir, la frustración y la alegría al mismo tiempo.

-¿Tiene una anécdota relacionada con el golf que quiera compartir?

-Hace muchos años, la primera vez que fuimos a jugar a Córdoba con un amigo, contratamos un caddie cada uno. En aquel momento todavía había caddies. Llevábamos tres meses y medio jugando al golf. Surgió una oportunidad de ir, nos enganchamos con alguien que había organizado un torneo y nos anotamos. Aunque conocíamos las reglas, no las manejábamos tan bien. Durante la ronda, nosotros íbamos de un lado para el otro. Avanzamos de esa manera y en un momento los caddies nos dijeron: “Muchachos, menos mal que no les cobramos por kilómetro caminado”. Realmente me pareció muy gracioso por lo mal que le pegábamos y lo torcido que íbamos. Era nuestro primer torneo fuera de Buenos Aires y teníamos ganas de ir. Estábamos más allá de cualquier broma o cualquier score. Era más importante eso en ese momento.

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