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¡Hombre al agua…!!!

Por Marcelo Barba

Es raro que suceda, pero a veces nos pasa. Que nuestra pelota termina descansando en un hazard de agua, justo en el borde de la orilla, parcialmente sumergida y a la vista -tentadora- como esperando ser impactada. Cuidado!

Es bueno considerar que (además de mojarnos mucho) deberíamos decidir la ejecución de estos golpes bajo ciertas condiciones:

La situación a describir, a mi juicio, sería aplicable exclusivamente en zonas cercanas al green; para el resto de la cancha no tiene mucho sentido (también a mi juicio y para nuestro handicap) inventar estos «tiros fantasías», teniendo posibilidades más sensatas de recuperar una ejecución fallida a un costo muy razonable.

Sin perjuicio de lo anterior, siempre podremos dropear y poner en juego una nueva pelota (observando y respetando multas y distancias reglamentarias) con ello, decir que jugarla desde el agua implica asumir riesgos con la consecuente acumulación de golpes adicionales -si fallamos-. En todo caso yo pensaría más en términos de: «si el fin justificará los medios» (si estamos jugando un torneo súper importante ó peleamos la punta del campeonato ¿pero, de verdad se justifica…?).

Si a pesar de todo, decidimos jugarla como está y desde el agua, entonces mi propia experiencia hace que les sugiera esta idea: «no tomen decisiones a medias, es decir, avancen a fondo y con todo». Eso es, mójense, salpiquen y ensucien a los que estén cerca (avísenles, obviamente…) pero fundamentalmente, concéntrense en realizar un golpe audaz. Ejecutar con total determinación ese tiro, nada de cosas débiles, de golpes que se desaceleran al tocar la superficie (parecido a lo que pasa con la arena, pero peor).

RUS

Para ir avanzando en esta húmeda pericia, intentemos desmenuzar la teoría del golpe (la puesta en práctica quedará a cargo de los que deseen recrearla, chapoteando en el lago, río o charco que más les agrade).

Un primer punto que considero -antes de tomar un palo y darle- es observar.

Mirar con detenimiento si la pelota ‘se ve’ y si efectivamente es la nuestra (obviamente sin tocar ni mover nada). Una vez reconocida, analicemos la profundidad a la que se encuentra; ya que sólo podríamos impactarla bien si está tapada hasta el borde o a sumergida 1 ó 2 cm. Más que eso… abandonemos la idea y ahorrémonos golpes dropeando otra o rescatando a la hundida para reutilizarla. Cordura.

Si de nuestra primera mirada surge que la profundidad es mínima y creemos que hay posibilidades de impactarla, no peguemos aún… esperemos.

Sigamos estudiando otras cosas -dependiendo de la transparencia del líquido-; una es el asiento donde se apoya, el famoso «Lie». Que podría ser barro, piedras, ramas o vegetación. Esa información es útil para abortar definitivamente la idea o recalcular mejor la potencia del tiro. Miremos por fin, si la pelota está en una posición que no dificultará el swing que hagamos, exigiéndonos cosas imposibles, aunque todo esto ya suene a una payasada.

Bueno, ya está, tomaremos la decisión porque a este punto ya sabremos que es nuestra; habremos definido que está «pegable» (que se la puede impactar) y, además, que no tendremos que adoptar una posición de ‘Yoga’ para hacerlo. Vamos a darle un tremendo ‘palazo’ como está (tremendo es tremendo), así que ármense de coraje y no piensen en otra cosa más que en sacarla del agua.

Cuando quise transitar por esta ‘experiencia’, que hoy y con los años clasifico de ridícula, me dio resultado tomar el ‘stance’ que adoptaba en el bunker; parecido al que preparaba para enfrentar un «huevo frito» de arena.

Lo importante es practicar el golpe antes (¿dónde…?), pero si les da el ataque de hacerlo justo ahí, háganlo simulando con un par de swings alejados del agua, sobre la tierra, con un arco abierto y buen finísh; dejando inmóvil la parte inferior del cuerpo (con las rodillas flexionadas). Recién ahí vayan al agua y despídanse del Wedge…

Pegar en el agua es como pegar dos veces en un mismo tiro. Es como si pretendiéramos atravesar una madera con la cara del palo. El agua a la velocidad de ingreso del palo, se comportará como un sólido…

Imaginemos que impactaremos dos pelotas en la misma línea recta, una pegada a la otra y con el mismo swing.

Primero impactaremos la superficie del agua, que a la velocidad con el que el palo ingresa a la misma, tenderá a frenarse y rebotar. Luego, con ese mismo swing (ya disminuido en su potencia por el ingreso al líquido en casi un 50%) le pegaremos a la pelota propiamente dicha.

Recuerden que el palo parecerá un remo que se frenará violentamente cuando su cara plana se sumerja. Más aún, cuando encuentre al segundo objetivo de “barro+pelota” en el mejor de los casos (porque si se trata de piedra+pelota estemos preparados a terminar el juego con un hierro menos…)

Así que concéntrense en la firmeza de las muñecas; en no abandonar ni desacelerar nunca el golpe, sino en acelerarlo a medida que se hunde.

Cierren la boca y déjenle la vista (el ‘circo’ generará una lluvia de cosas sucias); miren al green recién cuando terminen el swing bien arriba como saludando al cielo y ya que estamos en esa acción, pidamos ver a la esfera rodando afuera del agua.

Si llegasen a fallar el tiro y esa cosa redonda, blanca y desalmada no salió… por favor no vuelvan a intentarlo. Dropeen otra, sumen la multa más los tiros ejecutados, y no duden que será mejor negocio que seguir buceando a ciegas (sobre todo después de haber revuelto el fondo, movido la bola y seguramente habiéndola hundido más que antes).

Tómenlo como otra ‘rara’ experiencia y aprovechen ahora, que la temperatura y clima aún son favorables para lo todo lo acuático.

Hasta la próxima

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