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El Golf: cuando en algún momento queremos “parecernos a”

Marcelo H. Barba

No sirve de mucho compararnos con los demás, ni tampoco tratar de imitarlos en lo que hacen. Es una buena idea para la vida y el Golf.

De las personalidades artísticas me seducen las virtudes del estilo y su talento. Cómo exponen y demuestran su experiencia, sabiduría o simplemente, cómo administran las situaciones que la vida les presenta, con su propia creatividad, pasión y personalidad.

En lo personal, nunca me terminaron de convencer los individuos que ‘copian’ a otros personajes célebres o famosos, sean golfistas, pintores, escultores, cantantes o artistas (desde Da Vinci, Vincent van Gogh hasta Luciano Pavarotti, Andrea Bocelli, Salvador Dalí o Pablo Picasso).

Aquellos que pintan, esculpen o cantan ‘igual a alguien’ o se esfuerzan por lograr algo parecido al original, no aplican su estilo y en algunos casos, hasta carecen de talento.

En Golf, pasa algo similar, ya que todos en algún momento quisimos ‘parecernos a…’ (yo mismo me anoto en la lista de Tiger).

Las empresas comerciales y el márketing mundial, también ‘ayudaron’ en ese aspecto y casi todos los golfistas terminamos por comprar las marcas de palos, pelotas, gorros, zapatos y demás componentes que utilizan los famosos golfistas, sintiendo o creyéndonos que por imitarlos ya jugaríamos mejor… qué ilusos.

Todos de algún modo y en alguna parte de nuestra formación y entrenamiento nos divertimos copiando al genio de Tiger, o al estilista Ernie Els, o al preciso y milimétrico zurdo Phil Mickelson… hicimos denodados esfuerzos pero no advertimos, que podríamos dejar aflorar nuestro propio estilo de una forma natural, con un talento que quizá mantuvimos oculto y ahora lo despertábamos, justo cuando nos parábamos frente al espejo y largamos una ruidosa carcajada (por fin…) al advertir nuestra cómica imagen, vestidos con todo el atuendo que ‘debe’ llevar un golfista, empuñando un driver último modelo, mientras esa imagen del espejo al rato, comienza a darnos cierta tristeza.

Ese “espejo” imaginario -o real- que acabamos de descubrir, será efectivamente útil para reflejar nuestra esencia, aquello que realmente somos y no mostrarnos a la gente, ese ‘vidrio’ reflejará al verdadero, único e inimitable golfista que hace mil horas tratamos de adiestrar y perfeccionar, con los mejores movimientos que nos había indicado un profesor.

En esta disciplina y en nuestra vida, no tiene sentido ni nos agrega nada, vivir dentro de un estereotipo que decididamente no somos. Está bien y es razonable que, en ciertas circunstancias y durante un breve tiempo, probemos y nos divirtamos imitando a algún personaje; pero si queremos perfeccionar nuestras habilidades y hacer explotar nuestros talentos, volvamos a mirarnos al espejo, observémonos por fuera y por dentro y reconozcamos quiénes somos, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades y trabajemos enfocados en crear nuestro mejor estilo.

Si me lo permiten, les recomiendo algo efectivo y divertido para mejorar, pídanle a un familiar o amigo, que se ponga frente a Uds. y grabe un video mientras realizan sus clásicos bailoteos y movimientos de subida y bajada del palo. Luego, podrán reproducir la ‘peli’ y verse en acción cuantas veces quieran. Eso será útil para que nuestro cerebro retenga y grabe las imágenes propias, las que precisamente nos mostrarán ejecutando nuestros mejores intentos. Además, es un excelente ejercicio para no ‘contaminarse’ visualmente con cualquier otro movimiento ajeno que pertenece a otro golfista.

Es un buen consejo para nuestras acciones y actividades ‘extra’ Golf, digo; para nuestra vida de todos los días… porque sin quererlo, a veces llegamos a mirar otros espejos, ‘copiar’ e imitar actitudes de otra gente, adoptando estereotipos que no obedecen a nuestra propia cultura ni formación. Cada vez es más notorio lo que sucede con la ropa, la música, nuestro idioma, las comidas y hasta en nuestros trabajos.

Si por unos segundos pudiéramos jugar a ‘ver’ dentro de la mente de un profesional, lo que piensa justo antes de ejecutar su tiro, descubriríamos una ‘peli’ en cámara lenta, con un zoom que va desde sus ojos hasta el hoyo; habría tribunas con público aplaudiendo; periodistas comentando lo fantástico del tiro, eso es, precisamente, lo que en definitiva se imaginan estos ‘grandes’ para generarse a sí mismos la confianza necesaria, para aumentar su amor propio y para enfocarse en el golpe perfecto que darán.

Esas ‘raras’ rutinas preparatorias (repetitivas y fastidiosas) que nos aburren de los profesionales, son como el rezo de las monjas de clausura (que ni siquiera saben lo que es el Golf). Se trata de ejercicios mentales para entrar en un estado de conciencia especial, uno que los llevará al máximo nivel de concentración, es como salirse del cuerpo y visualizarse a uno mismo desde afuera, ejecutando un tiro sublime, de libro y sin errores.

El Golf también es un espejo especial, muy nuestro e íntimo, que reflejará la propia capacidad, talento y creatividad que tenemos para resolver las situaciones que se nos presentan ante cada tiro, con nuestro estilo y pasión,como en la vida misma.

Hasta la próxima.

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