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Conoció a Tiger Woods, jugó en Pebble Beach y consiguió cuatro hoyos en uno: Domingo Di Sanzo, una historia de más de 50 años de golf

Por Lautaro López

Al mudarse a los Estados Unidos para encontrarse con su futura esposa, Domingo Di Sanzo conoció el golf y este deporte marcó una huella en su vida. Descubrió una pasión que mantiene hasta el día de hoy y, a su vez, encontró un espacio en el cual entabló grandes amistades.

Su vínculo con el golf supera las cinco décadas, durante las cuales vivió grandes satisfacciones. Visitó destacados campos, compartió torneos con famosos de Hollywood y golfistas destacados, sostuvo un hándicap de una cifra durante muchos años, marcó cuatro hoyos en uno, disfrutó de jugar junto a su hijo y también con una de las máximas leyendas del deporte.

A sus 77 años, Di Sanzo registra 14 de hándicap y continúa disfrutando del golf junto a sus compañeros del grupo “Los Mosqueteros”, con quienes juega una vez por semana. En diálogo con Planeta Golf, recordó sus historias ligadas al deporte.

-¿Desde cuándo juega al golf y dónde empezó?

-Empecé a jugar en el año 70 en Los Ángeles, California. Viví 27 años en Estados Unidos. Mi esposa se había ido para allá, viajé a reencontrarme con ella y nos casamos. Iba a la escuela nocturna a aprender inglés y tenía dos amigos que habían empezado con el golf. No sabía nada de las reglas, pero tanto me insistieron que me fui a practicar con ellos. Íbamos a un driving que estaba enfrente del aeropuerto de Los Ángeles. Como a toda la mayoría que empezaron con el golf, cuando vi esa pelotita en el aire que le empecé a pegar, fue una locura. Me enganchó por completo. A mí el golf me abrió muchas puertas en Estados Unidos. He conocido gente por asuntos de trabajo o simplemente de amistad.

-¿En qué momento empezó a jugar una ronda entera?

-Seguí un tiempo en el driving y después con mis amigos nos largamos a la cancha en un campo corto de hoyos par 3. Tuve la suerte de conocer a otros argentinos a través del club social Asociación Argentina de Los Ángeles. Eran jugadores de muy bajo hándicap y me llevaban a jugar con ellos. Con el tiempo, en Estados Unidos llegué a jugar con 4 de hándicap.

-¿Dónde fue a jugar al regresar a la Argentina?

-Jugué en un club que ya no está y se llamaba Luz y Fuerza. Estaba ubicado en Virrey del Pino. Ahí fui campeón del club dos años y tuve la suerte de conocer muy buena gente como Marcelo Cabrera, un profesional de esa época que me recibió muy bien. Durante casi veinticinco años tuve una cifra de hándicap, fluctué entre seis y nueve.

-¿Cuántas veces por semana juega normalmente?

-Ahora estoy jugando una vez por semana, generalmente los jueves. Además, los lunes a la tarde voy a un driving con un nuevo grupo que tengo que se llama “Los Mosqueteros”, en el cual hay gente de hándicap alto. Entonces, con Martín (Sosa) estamos tratando de darles alguna guía dentro de lo que nosotros humildemente sabemos. Lo empezamos hace un tiempo y lo lindo es ver que la gente está progresando.

-¿Cuáles fueron sus mejores resultados?

-Mi mejor score fue en el Lomas Athletic Golf Club de Ezeiza, donde hice par de cancha:72 golpes gross. Gané dos veces el campeonato del club en Luz y Fuerza. Se jugaba cerca de fin de año por categorías. Primero hay una preclasificación y después el campeonato en formato match con finales a 36 hoyos. Un año perdí la semifinal y en las dos ediciones siguientes gané el título. Uno de los torneos fue relativamente accesible, lo gané faltando seis hoyos. En el segundo, en cambio, fue espectacular porque se definió en el hoyo 36. Fue muy ajustado, jugamos muy parejos. También he ganado en el club El Fortín de Lobos, donde estaba un profesional de apellido Gallegos, una persona extraordinaria y padre de Abel (N. de la R.: campeón del Latin American Amateur Championship 2020).

-Para los interesados en el turismo y el golf, ¿cuáles campos recomendarías en la Argentina como impostergables?

-Con el grupo Buenos Muchachos conocí Córdoba. Jugamos en Potrerillo de Larreta, Estancia La Paz y El Terrón y fue extraordinario. Potrerillo es algo que no creo que haya en muchas partes del mundo. Lo que han hecho con el terreno en la sierra es realmente fabuloso. Conocí muchas canchas en mi vida y Potrerillo no tiene nada que envidiarle a ninguna del mundo.

-¿Cuáles son sus dos campos de golf preferidos a los que asiste habitualmente?

-Cabeza de Caballo, es de la Fuerza Aérea Argentina. Si alguien tiene la oportunidad de conocerlo, se lo recomendaría. En el hoyo del 17 tiene uno de los mejores par 5 que yo he jugado en mi vida. Tiene un doble dogleg. La primera curva es a la izquierda, la segunda a la derecha, y delante del green hay agua. Los hoyos de Cabeza de Caballo están guiados a los dos costados por la arboleda. Otro campo destacado de Buenos Aires es Olivos Golf Club. Es famoso y se lo merece por la clase de campo que es.

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-¿Long drive o approach?

-Me encantan los tiros de hierro. Ver que la pelota va derecho a la bandera es lo más extraordinario que pueda haber. En el juego se tienen que combinar las dos cosas porque si los hierros no trabajan, no hay score. Si uno no pone la pelota en el green y se da la chance de embocar un putt, no hay manera. A mi edad, el palo que menos me abandona es el driver. Estoy muy consistente con el driver. El día que me funcionan más o menos los hierros, salen los buenos scores.

-¿Si tuviera que salir solo con tres palos cuáles serían?

-Usaría madera 3, hierro 8 y putter. Dos golpes de madera 3 y el resto me lo juego con el hierro porque es un palo versátil, inclusive desde la arena. El hierro 8 da la oportunidad, abriéndole la cara, de poder trabajarlo tanto por abajo como por arriba. Con el putter me siento con más libertad para tirar un putt de tres metros que de uno. Los de un metro le hacen sentir a uno la obligación de embocarlo. La presión es más grande, sobre todo cuando hay algo en juego.

-¿Cuál es el mejor campo de golf que conoció en su vida?

-Pebble Beach, por su ubicación junto al mar y sus acantilados. La vista del lugar es espectacular. En una parte hay que tirar por sobre el mar. A mí me castigó, es una cancha que castiga de acuerdo al nivel de cada uno. La primera vez que jugué ahí tenía tres años de golf, así que fue un día bastante complicado. Hice un solo par que fue en el hoyo 18. También he jugado mayormente en la parte de California, un poco en Arizona y en Las Vegas. En California he jugado en Grayhawk Golf Club, Rancho California y en la parte del desierto de Palm Springs.

-¿Cuál hoyo de Pebble Beach le gustó más?

-La postal de Pebble Beach es el hoyo 7. Es un par 3 que juega regularmente de 100 a 120 yardas. Va directo al mar. Lo he jugado tres o cuatro veces y he usado desde un pitching wedge hasta un hierro 5. Eso da cuenta de la dificultad que ofrece ese hoyo con el viento. Es un tiro desde una loma y va en bajada hasta un green sobre el mar.

-¿En Estados Unidos jugó al golf con algún famoso?

-Una vez por año se hace el torneo de la policía de Los Ángeles. Fuimos con un amigo a jugarlo en Encino (California) que tiene dos canchas y me encontré con famosos de Hollywood de aquella época: Dean Martin, Henry Fonda y Chuck Connors, conocido como “El Hombre del Rifle” porque trabajaba en una serie que se llamaba así. En esos eventos los famosos son muy accesibles y se ponen a conversar con uno.

-¿Conoció a golfistas profesionales?

-Tengo una historia con Tom Watson. Una vez en Riviera quise pedirle un autógrafo para mi hijo y no lo conseguí. Luego me lo encontré en la Argentina. En el 2000 hubo un desafío en el Olivos Golf Club al que asistieron él y John Daly. Ese día también jugaron el Gato Romero, Ángel Cabrera, Vicente “Chino” Fernández y Ricardo González. Lo más lindo estuvo cuando me acerqué al driving mientas practicaban. Tengo filmado, porque mi señora estaba con la cámara, que Watson me pone la mano en el hombro y nos vamos caminando para el putting green. Es una gran experiencia para cualquiera que juegue al golf.

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-¿Alguna vez estuvo cerca de un hoyo en uno?

-Tuve la gran suerte de hacer cuatro hoyos en uno. Tres en Estados Unidos y uno en la Argentina, en el campo Cabeza de Caballo. Todos fueron en canchas regulares. El más largo de todos fue en una cancha que se llama Los Amigos Golf Course en el sur de California que tiene un hoyo de 242 yardas. Era un día muy ventoso y mis dos amigos, ambos pegadores largos, tiraron con madera 3. Yo elegí el driver porque pasado el green el hoyo era limpio, no estaba en peligro. Entonces pegué el driver y vimos que el tiro fue para el lado del green. Llegamos al green y no aparecía la pelota. Fui a buscarla detrás del green y escuché a uno de mis amigos que gritó que estaba dentro del hoyo. Fue una locura. Me hicieron regalos del club y también de Titleist que era la marca de la pelota.

-¿Cómo fue el hoyo en uno que logró en Cabeza de Caballo?

-Fue en el hoyo 5 que es todo sobre agua. Son entre 150 y 160 yardas con un lago delante del green. Unas semanas antes, mi pelota había quedado unos 10 centímetros detrás del hoyo. Cuando fui a jugar esa vuelta, pegué un hierro 8, aterrizó un metro antes del hoyo, picó y saltó adentro del hoyo. La alegría continuó en el Club House.

-¿Quiénes son los miembros más habituales en su línea?

-Mi línea de cuatro hoy la completarían Martín Sosa, Sergio Vega, que también es amigo de muchos años, y Daniel Palmieri. Con ellos somos “Los Mosqueteros”. A veces juega con nosotros José Diamantini, otro viejo amigo. Con Martín nos conocemos hace muchos años. Yo ya jugaba desde hace mucho tiempo y él era un novato. En el tiempo que nos conocemos, él ha progresado muchísimo. Ahora está en una cifra de hándicap y ha desarrollado un juego espectacular. Junto a él y otros amigos habíamos armado un grupo que se alcanzó a llamar con mi nombre como un regalo. Al principio éramos cuatro y terminamos con 14 miembros. Luego se desarmó y empezamos otro denominado “Buenos Muchachos” que se inició en el campo La Providencia. Por otro lado, en Estados Unidos he jugado en un grupo que eran todos latinoamericanos y en otro de un club japonés. Todavía nos mantenemos en contacto. Cuando fui a Estados Unidos a visitar a mi hijo, he vuelto a jugar con ellos. Creo que la amistad del golf no se termina nunca.

-¿Hay otros golfistas en su familia?

-Mi hijo Cristian vive en Estados Unidos y juega al golf, pero de forma recreacional. No es muy asiduo por falta de tiempo, aunque juega con gente de la compañía en la que trabaja. Viajé hace dos años y tuvimos dos semanas de golf impresionantes. En aquel momento él vivía en Coeur d’Alene, Idaho, cerca de Canadá. Pude conocer un campo con un hoyo muy particular porque está en una isla en medio del agua. Lo ajustan de acuerdo a la distancia que le quieren dar. Nosotros lo jugamos de 180 yardas, se veía una cosa flotando a lo lejos. Después te suben a un barquito y te llevan al green.

-¿Cuál es su palo preferido?

-Me siento cómodo con el hierro 8. Dentro de las 150 yardas, es con el que más confianza me tengo. Después de muchos años tengo uno nuevo y me ha costado bastante adaptarme, pero hay que ir modernizándose ya que la tecnología se impone a todo.

-¿Qué es el golf para usted?

-El golf es la biblia de la vida. Todas las respuestas que uno tiene sobre la vida cotidiana las puede encontrar en el golf. Es la vida misma. A veces uno se siente frustrado porque hay cosas que ha hecho miles de veces y algunos días no salen. Cada día en la cancha es una experiencia diferente.

-¿Qué tiene el golf de especial que otros deportes no tengan? 

-He jugado un poco al fútbol, pero me gusta más el deporte individual. Me adapto mejor. En el golf no hay excusas, no hay a quién echarle la culpa. Se disfruta cuando se hace bien y se sufre cuando se hace mal. En mi opinión no hay otro deporte que brinde la oportunidad para medirse uno mismo.

-¿Tiene una anécdota relacionada con el golf que quiera compartir?

-Cuando estaba en la ciudad de Cypress, California, vivía a unas cuatro cuadras de un chico que se transformó en parte de la historia del golf. Yo iba con mis chicos y a él lo traía la madre. Tenía unos siete u ocho años. Era nada más y nada menos que Tiger Woods. Pude jugar muchas veces con él en un campo de hoyos par 3. Otra anécdota que tengo ocurrió unos cuatro años después de haber vuelto de California. Fui a un torneo en el cual jugaba Vicente “Chino” Fernández en el Olivos. Me acerqué al putting green donde él estaba dándole instrucciones a unos chicos. En un momento me mira y me pregunta “¿vos qué haces acá?”. Unos años antes lo había conocido cuando él jugó en el Wilshire Country Club de Los Ángeles. Me había firmado una gorra y habíamos hablado algunas palabras. No podía creer que se acordara. Luego lo he visto muchas veces y he conversado con él cuando él dirigía La Providencia.

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