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Como jugar 18 hoyos sin un solo insulto a los dioses del golf

Por Marcelo H. Barba

De verdad, ¿crees que puedes? ¿Sin explotar ante cada pésimo tiro, ni ante cada pelota perdida, ni cuando ves que tu bola sale como misil al medio del agua? ¿Sin siquiera emitir un “educado” insulto o revolear tus palos al aire?

Si eres capaz de no transformarte en el doctor Jekyll o en un oso de montaña frente a estas ejecuciones desgraciadas, has llegado a un nivel de autocontrol admirable.


Cuando conocí Méjico, hace tiempo, me sorprendí por lo difícil que era (y debe ser) conseguir alguna comida sin picante. Diría imposible… todo, hasta un simple trozo de queso tiene incorporado una intensidad de picor que, para quienes no estamos acostumbrados a ese sabor, resulta verdaderamente difícil de soportar.

Mi asombro aumentó, cuando con mi esposa caminando por la calle vimos a un pequeño de 10 años o menos, comiendo unas papas fritas sentado en la vereda, sacudiéndose ante cada bocado. Le preguntamos por qué movía su cabeza cada vez que se metía una en su boca. Muy naturalmente contestó que era porque le picaba pero a pesar de eso… le gustaba mucho lo que comía.

Un compañero de Golf que se iniciaba, hacía algo parecido. Ante cada error que cometía en su juego, maldecía al cielo y decía que ‘eso’ no podía soportarlo más… arrojaba su palo al piso y gesticulaba, luego comentaba que este deporte lo tenía como ‘enfermo’, al no poder dominarlo, pero a la vez, no podía pensar siquiera en dejarlo porque lo atrapaba, le gustaba, sentía rechazo y admiración al mismo tiempo, era como una sensación que no sabía describir.

Una vez me preguntó: “¿Cómo puedes soportar esto sin explotar?”

Más allá de entenderlo, intenté expresarle que todos los que practicamos Golf, en gran medida y con el tiempo (años), vamos aprendiendo a domar, a tranquilizar al marcianito verde y maldito que llevamos dentro, porque de otra forma sería imposible continuar jugando, o terminar los 18 hoyos sin que nos asista un equipo médico de resucitación.

Trataba de convencerlo diciéndole que las reacciones que nos generan esas malas ejecuciones son lógicas, que en definitiva uno las va asimilando como una ‘gimnasia’ para mejorar su autocontrol (quizás sea en otra vida…) para hacer algo parecido a lo que vemos en los profesionales, cuando justo después de pifiarla toman una postura de extraterrestre y hacen como si nada hubiera pasado; luego ejecutan un tiro de recuperación –por cierto maravilloso- y quedan cerca del hoyo… es admirable, no?

En definitiva, esa actitud que toman (los ‘pro’) termina pareciéndose a la de los mejicanos, acostumbrados al picantísimo sabor de sus comidas. Evidentemente sienten algo, se estremecen, pero ese picor ya es tan común que les encanta… En esa misma línea de pensamiento, creo que con nuestro juego deberíamos también acostumbrarnos a esas ‘sacudidas’ que nos generan los errores, por lo menos para que nuestro próximo tiro de recuperación sea medianamente aceptable.

En lo personal y continuando con esta rara analogía, creo que el Golf sigue proponiéndonos una rica mezcla de ‘sabores’ y sensaciones, que tienden al equilibrio puro, que nos obligan en cierta forma a aceptar los extremos de una manera más inteligente, a aprender que nos movemos en un mundo salpicado de pérdidas y ganancias, a disfrutar las magníficas sensaciones que nos da, cuando hacemos un par, un birdie o un hoyo en uno… y a sobreponernos de las caídas que tendremos en todos los recorridos.

Ningún día es igual al otro, nada nos podrá asegurar que, si el sábado presentamos una tarjeta de 90, al día siguiente podamos repetirlo; lo vemos en la tele, en los torneos y en los profesionales, cuando alguno de ellos pareciera estar iluminado y la mete desde la luna, o cuando ese mismo ‘genio’ dentro de 15 días ni siquiera pasa el corte.

Al Golf se lo ama o se lo ama… no existen alternativas ni términos medios cuando uno lo juega y se entrega al 100%, ni la posibilidad de odiarlo o no ‘soportarlo’, porque si lo analizamos detenidamente nos estaríamos odiando a nosotros mismos, ya que esta disciplina –creo- es la única que nos enfrenta a nosotros mismos, en la soledad de un campo, frente a un raro espejo, donde sólo se reflejarán nuestras miserias humanas.

Que tengan un excelente fin de semana de Golf, experimentando todas las sensaciones que nos esperarán…

Porque eso es Golf, amigos.

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