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Algo más del antegreen

Marcelo H. Barba

No hace mucho, habíamos considerado elementos básicos para ayudarnos a ejecutar razonablemente bien desde la zona del antegreen, pudiendo resumir que, lo más importante para esos y otros casos, además de los palos a utilizar serán la práctica machacante y la acumulación de experiencias.

Por otra parte, en un antegreen, las situaciones que enfrentaremos son tantas que, aunque lo busquemos, no creo que podamos encontrar una lista de recomendaciones que sugieran qué tipo de swing realizar en cada caso.

Pensando en esas ‘tantas’ posibilidades, recordé a “Tiger” cuando una vez lo vi por la Tele enfrentar a uno de esos ‘greenes’ gigantes, los que suelen frecuentar los profesionales cuando compiten. Desde el antegreen, a muchos metros de la bandera y con un pasto parecido al rought, tomó su madera 5 y ejecutó un tiro mágico… Sí, madera 5 y desde el antegreen… para dejarla a centímetros del hoyo, un extraterrestre…

Obviamente que (como cualquier golfista que se jacta de serlo) intenté imitarlo en cuanto tuve la oportunidad, pero mis resultados –como era de esperarse- no fueron mágicos sino trágicos. Todavía sigo buscando mi pelota, que cruzó todo el green sin siquiera tocarlo (pasó por encima a velocidad de misil y aún debe estar rodando…).

No obstante haberme sacado un gusto personal, un capricho lógico que además sugiero realizar para comprender lo mucho que hay que saber de Golf para que nos salga un tiro mágico; saco como resultado dos puntos importantes (a mi entender) para compartir.

El primero, es que no existe “el” palo indicado, ‘uno’ en especial para realizar tal o cual ejecución, en definitiva, puede ser cualquiera, el que nos dé la gana.

El segundo, es que ello podrá suceder siempre y cuando, no nos falte el componente crucial: la práctica y las muchas horas dedicadas al ejercicio frecuente de ese tiro.

Horas, golpes y baldes de pelotitas…  hasta que por fin terminamos por ejecutar algo que nos parece mágico, pero que en realidad es el producto elaborado por el trabajo y tiempo dedicado a ello.

Desde nuestra humilde realidad amateur, pareciera ser que no quedan más opciones que la pura práctica y la utilización de nuestras mejores experiencias, esas que fuimos guardando tras los aciertos y errores cometidos, con nuestros palos tradicionales y quizá también, con esa madera 5 al estilo Tiger (¿por qué no…?).

Decía, que en nuestra realidad (desde los greenes que conocemos donde jugamos los amateurs), enfrentaremos desafíos bastante más simples, que deberíamos tratar de resolver con algo de ‘intuición / creatividad’.

Siendo más práctico que pragmático, para todos aquellos que aún no dominamos los tiros de approach cercanos al green o desde afuera del mismo, lo más “lógico” en esos casos, pareciera estar cerca del uso del Putter (lógico entre comillas).

Aunque no sea todo lo ortodoxo que pretende esta disciplina, aunque parezca que intentamos hacer una cirugía de cerebro con un cuchillo de carnicero, si es que optamos por el Putter, tengámosle fe y practiquemos la potencia que le deberíamos dar a nuestros golpes para que la pelota salga, ruede y quede –idealmente- a otro putt de distancia para cerrar el hoyo.

A pesar de esta opinión, el uso del Putter con indiscreción es un punto controversial que merece comentarios.

Hasta podremos ver golfistas usándolo dentro del bunker… Eso no es ‘tan’ malo, bajo ciertas condiciones de la arena, de la cercanía al green y de otras situaciones que sólo el golfista podrá analizar en ese momento.

Lo peligroso en estos casos (o delicado, mejor) es que esta ‘sobre-utilización’ del Putter, podría llegar a acostumbrarnos y con ello… dejar de lado a los palos que efectivamente sirven y fueron diseñados para ejecutar golpes de precisión.

Buscando un ejemplo gráfico, imaginémonos que tenemos una caja de herramientas completa, pero usamos una pinza para clavar un clavo en la pared, cuando lo lógico hubiera sido usar el martillo.

Tampoco sugiero que veamos al Putter como el palo indicado y excluyente para el green. Usémoslo también para sacar la pelota debajo de un frondoso árbol, o cuando pensemos que sería la mejor elección frente a una ejecución complicada o donde no podamos realizar un swing formal.

Hagámoslo, pero no olvidemos que la práctica del approach en el antegreen, con los palos adecuados, será uno de los ejercicios más recomendables a realizar.

Mi propia rutina enciende una luz roja cuando enfrento un Lie complicado, donde la pelota quedó prácticamente tapada o semi cubierta por el pasto. Ahí selecciono un palo con mucho loft y no pienso en otra alternativa. Para esos tiros desde el antegreen seguiré opinando que es importante comenzar a practicar ejecuciones cortas, con poco swing, con manos adelantadas a la pelota. Porque practicando esos tiros (insisto que es una opinión personal), finalmente nos daremos cuenta cómo elevamos a la pelota y cuánta distancia le haremos recorrer hasta que pare. Ejercitémoslo tantas veces hasta que nos queden grabadas esas sensaciones.

A esto me refería en una vieja nota cuando decía que, en estas ejecuciones, había que considerar siempre ‘dos’ distancias cada vez que realizábamos el Approach, es decir, identificar el lugar donde caería y picaría por primera vez la pelota, y más allá de ese punto… cuánto más supondríamos que rodaría con el impulso dado.

Es por ese motivo, que vemos a los de bajo hándicap o a los profesionales, desplazarse desde el punto donde está apoyada su pelota, hasta el sitio que eligen para que la misma pique y ruede hacia el hoyo. Además, aprovechan esa caminata para estudiar las caídas que a simple vista ofrece el terreno, con la idea de poder regular la potencia y afinar la orientación del tiro.

Hay quienes preferirán regular la fuerza imponiéndole algún efecto a sus tiros, aprovechando y haciendo uso de las estrías que presentan las caras de pitching, para lo cual ejecutarán un tipo de swing distinto, que ‘morderá’ la superficie de contacto de la bola y la hará rotar en su eje axial. Así obtendrán el efecto ‘back-spin’, frenando a la pelota en seco o haciéndola retroceder al tomar contacto con el green.

Pero cuidado… lamentablemente no existe un botón para lograr ese efecto…  

Para ello deberán pasar otras cosas: 1) que nuestros palos posean estrías en condiciones (o sea, que no estén gastadas, como en la mayoría de los casos); 2) que realicemos un swing completo y de una forma especial (que se aprende en una o varias sesiones de práctica y con un profesor); y 3) lo más importante, que lo hayamos practicado cientos de veces, como era de esperarse… 

Están en cambio, quienes regulan la potencia de sus ‘chips’ a través del largo del palo (me incluyo en esa lista), gracias a que se lo puede tomar más ‘corto’; esto significa, por ejemplo, asirlo casi por debajo del grip; con lo cual, el brazo de palanca será más pequeño y como resultado se obtendrá menor potencia al final del swing.

Si a esa práctica le sumamos una cara de palo bien abierta más un swing corto, por ejemplo, ejercitando un back-swing que no supere la altura de nuestra cintura (que la cabeza del palo no pase de esa altura), aseguraremos una potencia más controlada.

Mientras que releía la cantidad de barbaridades que -para muchos- acabo de escribir (les pido mil disculpas), me dije a mí mismo que nada de esto valdrá un gramo, si no se puede llevar a la práctica. Además, será definitivamente verdadero, cuando puedan incorporarlo y sentirse cómodos con su estilo de juego.

Es por eso que insisto e insistiré siempre con la ayuda y el apoyo invalorable de un profesor/ profesional de Golf.

¡Hasta la próxima y buen Golf para todos…!

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